Conmemoración a Sebastián en la Gala de la no Homofobia.

Estas son las palabras que di en la Gala de la no Homofobia el 12 de julio en Bogotá con motivo de la conmemoración que hizo el activismo bogotano (la Mesa LGBT de Bogotá) a la vida de Sebastián.

Buenas noches a todas y a todos. Debo confesar que recibir este galardón me genera sentimientos encontrados. A continuación voy a explicar por qué, voy a sentar una postura muy crítica y que puede parecer dura. No quiero ofender a nadie. Mis palabras van a ir en contra del protocolo, pues en un evento como este se supone que sólo debemos hablar cosas bonitas y decir que todo esta bien, pero, como marica y activista, estoy acostumbrado a retar las reglas culturalmente establecidas. No me puedo quedar callado ante lo que pienso. Tengo el mismo defecto que Sebastián. No obstante, me vine lo más formal que pude. como lo exigía la organización del evento. Si me escuchan hasta el final, prometo no demorarme tanto, se darán cuenta que tengo un ánimo altamente propositivo.

En las primeras versiones de la gala de la no homofobia, antes se llamaba así, se reconocía un galardón especial al político del año. Si mal no recuerdo, Sebastián se sentía merecedor de ese galardón. Y no era para menos, Sebastián fue el primer político en Colombia, abiertamente homosexual, que hizo campaña abiertamente homosexual y que quedo electo en un cargo de elección popular. Sí, era un edilato, pero no cualquier edilato. Chapinero es una localidad con una concentración de población LGBT bastante alta al mismo tiempo que se concentra buena parte del PIB del país. Es irrefutable que abrió camino, superó la utopía, y mostró, que era posible luchar desde la política electoral por los derechos de la población LGBT. Ya no todos los maricas que se lanzaban se quemaban. Sebastián fue reconocido por sus compañeros de Bancada, por JAL como vamos y por el periódico el Tiempo de Chapinero, como el mejor edil de la localidad; varias veces. Su dedicación como edil y su compromiso con el sector LGBT, le hizo merecedor por los redactores de la revista Cambio del título de El Milk Colombiano. Se caía de su peso. Los medios de comunicación lo buscaban constantemente para obtener sus declaraciones, en fin. Pero mientras Sebastián gozaba en los medios y en la población LGBT, que lo recibía a brazos abiertos, de un reconocimiento excepcional; dentro del movimiento, en el activismo, otro gallo cantaba. La portada de la revista Cambio no le mereció más que críticas de antiguos compañeros (hombres todos) de la causa. Algunos se sintieron profundamente heridos por no haber sido merecedores de ese título, y en la gala, nunca fue reconocido como político del año. Luego, ese galardón, de manera inexplicable, desapareció. Esto coincide con el momento en que, en el título de la gala de la no homofobia aparecía el nombre de Leon Zuleta. También coincide con la aparición de un grupo del mismo nombre en la escena activista bogotana. La vida del mártir León Zuleta y su trabajo me parecen admirables, sobre todo en una época tan difícil como lo fueron los años ochenta. Pero no deja de parecerme triste, que la gala se erija sobre martires, muertos o el dolor. Mientras, a los vivos no siempre se les reconoce su trabajo. Por ejemplo, está el caso de Blanca Durán, alcaldesa de Chapinero que termina su mandato el año entrante y nunca ha sido (y ya no fue, no es posible) galardonada como funcionaria pública del año. A este respecto se puede alegar que la elección ya no la hace la Mesa LGBT, sino el público en general con votaciones en Internet. Con ninguna de las dos estoy de acuerdo. Ni por rosca, ni como si estuviéramos en el Factor X o en un estado de opinión: esto requiere de más cuidado porque el reconocimiento, en sus distintas formas, es la manera como se retribuye la tarea realizada, el trabajo bien hecho. Cuando siento mi posición con respecto a los muertos, no tiene nada que ver con el olvido, yo sería el primero en oponerme a que se olvidara la vida y obra de Sebastián, que por cierto, nunca quiso y no será jamás un martir. Lo que quiero proponer, como lo explicaré más adelante, es que creo que el activismo debe fundamentarse en la alegría de la vida. Como dijeron hace un rato, la muerte para nosotros no puede ser distinta que para los heterosexuales. Celebro que la gala quiera volver a sus raíces: se empieza a notar un poco más de reconocimiento y visibilidad y un poco menos de vanidad, egos y rencores.

También, por aquella época, empezó a aparecer una animadversión furibunda a todos los grupos políticos y a los sectores económicos como bares y discotecas. Parecía surgir un activismo puro, cuyo origen único estaba en el movimiento social. Un activismo puro, tan puro como las matemáticas puras que estudio y que poco tienen que ver con la realidad. También aparece un activismo de la dialéctica y del discurso, donde se discuten a lo largo de los años si somos LGBT, LGBTT, LGBTTTI o LGBTTTQIH; o donde se discute si es homofobia o homolesbobitransinterfobia. No me imagino diciéndole a los de Seguros la Previsora: Ustedes no me reconocen como cónyuge legítimo de Sebastián porque son unos homolesbobitransinterfóbicos. Dentro de poco terminaremos siendo el movimiento de todas las letras del abecedario (con algunas repetidas) y terminaremos hablando una jeringonza que ni nosotros mismos podremos decir correctamente, ni siquiera tiene un sustento académico serio. Cómo me gustaría leer a Foucault opinando sobre nuestras jeringonzas cada vez más enredadas. Mientras muchos activistas se desgastan en discusiones inútiles, la realidad afuera es otra. El odio y la discriminación continúan contra maricas, locas, gays, lesbianas, machorras, travestis y todas la demás etiquetas que nos han impuesto desde la clínica y el odio. Como diría Baldwin: «No soy pobre ni negro ni gay ni norteamericano: esas son distracciones que no dejan a los demás verme como un ser humano».

Negar la importancia del poder político y del poder económico en esta lucha, además de una estupidez, no es realista, ni siquiera es romántico como para que valga la pena. Por el contrario, vincular estos sectores de una manera armónica, sin miedos paranóicos ni ingenuidades cándidas, es además de práctico, inteligente y en ningún momento veo que uno se ensucie o falte a la ética por ello. En cuanto a lo político quiero hacer una acotación. No tiene ningún sentido que la población LGBT vote por partidos y candidatos de derecha, hay que estar muy disociado en la vida, sobre todo si se trata de un o una activista. Como la arenga que se inventó Sebastián y que fue un hit en las marchas: «maricas del mundo: ¡a la izquierda!» Votar por la derecha es darle poder a los perpetuadores de la discriminación, directa o indirectamente. En cuanto a los partidos de izquierda, también hay que tener cuidado, no porque sea de izquierda está bien, nunca fue la postura de Sebastián. La izquierda tiene que ser profundamente democrática y proba. No hay que dejarse confundir. Los enemigos internos son tan peligrosos como los externos, tal es el caso del Polo, anquilosado en el sectarismo y el clientelismos; así como del que alguna vez fue el sueño que fundaron e Sebastián, Blanca y otros: el Polo de Rosa. Los juicios sobre ese partido se los dejo a cada quién. Sebastián se desmarcó a tiempo, es todo lo que tengo que decir, o mejor, como diría él, de manera inteligente y simbólica: «más rosados, menos rojos». En cuanto al poder económico, siempre se dice que a los dueños de los bares lo único que les interesa es la plata, es imposible vincularlos. Eso es falso. Theatrón, por ejemplo, fue uno de los principales financiadores del primer Centro Comunitario LGBT, el primero en el America Latina. Al mismo Theatrón que luego no se le permitió marchar por diferencias personales que rayaban en lo ridículo. También está el ejemplo de la campaña de autocuidado que lideró Sebastián en sus últimos días y que ha sido muy difícil de implementar debido a las mafias locales. Además muchos homosexuales no denuncian por miedo a salir del colset. De esta vulnerabilidad hacen fiesta los hampones. El caso es que en esta campaña, los bares se vincularon, pagaron publicidad, iban a las capacitaciones y reuniones. A los sectores económicos hay que saberles entrar, no es verdad que solo les interese contar billetes mientras atracan o escopolaminan maricas a la salida. Espero estar usando el lenguaje popular correctamente y sin ofender a nadie. En Italia por ejemplo, que están más atrasados que nosotros en derechos LGBT pero años luz de distancia en organización, para entrar a cualquier bar, sauna, discoteca, antro o lo que sea de todo el territorio nacional se hace necesario pagar una especie de impuesto. Todo el dinero recolectado va para las organizaciones de la lucha por los derechos LGBT. Cosa que lograron, sencillamente, poniéndose de acuerdo. No creo que a ninguna organización aquí le sobre la plata. Si aquí, como ruedas sueltas vamos donde vamos, ¿qué tal si nos pusiéramos de acuerdo con más esmero?

Pero esa no es la única integración que hace falta. La marcha recién acontecida es muestra de que se requiere una integración generacional (en todo caso celebro la escuela de activismo de la que está haciendo parte la mesa). La desorganización fue tal que parecía que estuvieramos improvisando y el conocimiento acumulado, por más de dos lustros, parecía haberse ido a la caneca. No estoy de acuerdo en que, como acaban de decir, la marcha de la ciudadanía plena de los derechos LGBT deba ser como la del primero de mayo: sus raíces, sus motivos, sus formas son completamente distintas. Ante las críticas justificadas, la reacción de algunos organizadores fue casi infantil. Si no reconocemos nuestros propios errores, ¿cómo se supone entonces que vamos a seguir adelante? Los activistas jóvenes deben dejar de decirle dinosaurios a los más viejos y exigir ayuda, consejos, explicaciones, manuales, caminos posibles. No podemos reinventarnos la rueda cada año. Aprovechemos que muchos de los viejos (y las viejas) están todavía vivos y podemos preguntarles. Cuando se mueran va a ser más difícil saber qué pensaban. Los activistas más viejos están en la obligación de ir soltando paulatinamente responsabilidades a los más jóvenes sin abandonarlos. Es urgente una integración generacional. Yo estoy en el medio y por ahora, me he tomado el atrevimiento de llamar la atención. Aquí quiero resaltar la labor de Reddes que integra los grupos universitarios. Ha dado un ejemplo de organización importante en donde están hermosas semillas del futuro activismo colombiano. Pero tiene que abonarse el terreno para que germinen. Sebastián y yo, empezamos en un grupo así, en Gaeds-UN en la Universidad Nacional hace más de once años.

Todo esto lo digo para poner sobre el tapete, o sobre la mesa, como quieran, que para mí, el activismo colombiano, está en crisis. Espero no ganarme el odio de ustedes por decir esto, sobre todo en su propia casa, lo cual además puede ser tildado (equívocamente a mi modo de ver), de grosero. Reconocerlo, con salvedades, parcialmente o como quieran, es el primer paso para salir de la crisis. Negarla crisis es enterrar al movimiento y dejarlo presa de la discriminación y el odio que hay detrás de esa puerta. ¿Necesitaremos de una nueva Planeta Paz para podernos poner de acuerdo nuevamente, reconocernos y recibir un empujón? o ¿podremos ponernos de acuerdo entre nosotras y nosotros mismos? Estamos teniendo avances en materia de derechos, esos es indisctuble, pero eso no contradice el desorden, son cosas independientes y muchas veces los logros, obedecen a esfuerzos individuales o de organizaciones específicas.

El lema de Gaeds que se inventaron Edward, Hernando y Sebastián dice: «somos iguales porque somos diferentes». Es hora que entre nosotros y nosotras nos reconozcamos en la diferencia, en la diversiad y esto no puede ser entendido como ha ocurrido, que todo vale. Hay que reconocer que este proceso es complejo, como cualquier proceso social, no hay que sulfurarse, ni odiarse. No podemos pedir que no nos odien afuera, si nos odiamos adentro. «Odiar es odiarse a sí mismo» (También de Baldwin). Es urgente que tracemos lazos de solidaridad entre generaciones, entre sectores sociales y poblacionales dentro del universo LGBT. En últimas, rescatemos como activistas criollos la diversidad, la complejidad y la solidaridad que eran los principios inquebrantables de Sebastián que llevó hasta el final. Ese sería el mejor galardón que él podría recibir después de muerto. Pongámonos de acuerdo en lo esencial, en lo mínimo, no importa que tengamos caminos distintos, con metodologías diferentes, metas distintas. Lo que sí es imperdonable es que perdamos de vista el horizonte, donde, acudiendo a una metáfora burda y trillada, nos espera un arcoiris.

En nombre de la familia de Sebastián, de mi familia, de los viejos de Gaeds, de Blanca Durán y de Angélica Lozano recibo este galardón póstumo. Gracias especialmente a Blanca y Angélica, pues ustedes dos fueron compañeras de causa, de triunfos, de derrotas, de lágrimas, de alegrías en su lucha hasta el último día. Hasta el último. Agradezco sinceramente a la Mesa LGBT de Bogotá este reconocimiento póstumo a la persona que más me ha amado y que más he amado en la vida, por su ternura, por su pasión, por su infinito amor, porque para él no habían imposibles, por su entrega al otro y por su incansable lucha por la equidad y las causas supuestamente perdidas. Sebastián era un gran hombre y detrás de un gran hombre, había mucho amor. Muchas gracias.

270312_10150308809596343_76318191342_9541453_2922766_n

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s