Conflictos gideanos

La moral, lo establecido, simplifican la vida, la hacen más fácil. Puede ir en contra del individuo, del placer, del nuevo ser, del superhombre. Alguna gente se pone de chistosa a dejar la moral y las costumbres de lado, dándoselas de muy libertarios; como si esto fuera una tarea del colegio luego de leer Ética para Amador, o El Retrato de Dorian Gray, o El Inmoralista. No es tan fácil responder a la pregunta, en términos prácticos, de qué hacer cuando se renuncia a la moral en pro del susodicho yo auténtico. Para la razón el asunto puede ser fácil, para el individuo tal vez no tanto. Vamos a poner en consideración un par de casos hipotéticos.
Primer caso. Una persona se muere, la familia es atea, o poco creyente, el muerto también. Federico hace parte de la familia del muerto. Lo establecido en el catolicismo dice que cada tanto se le debe pagar a un cura culigordo para que haga una misa. Como si se tratara de un conjuro numerológico se debe realizar a los ocho días, al mes, al año. Ya no estoy seguro de cada cuanto, pero sí se que al año se debe hacer. Existen mecanismos sociales sutiles que obligan a los allegados a asistir. Cuando Federico no ha ido, lo han señalado. Es mal visto y le han dado a entender que no quería al muerto en vida tanto como decía. Pero, en nuestro caso hipótetico, supongamos que Federico quiere hacer algo, o la gente le pregunta que qué se va a hacer, se le hace sentir que depende de él el modo en que se debe celebrar uno de los tantos ciclos. ¿Qué puede hacer Federico en este caso? Le quedan pocas opciones, queda en un limbo. No se puede inventar un rito de la noche a la mañana. Los ritos son importantes porque marcan tránsitos necesarios del individuo a través de los otros. Una relación compleja y delicada entre la estructura sociocultural y el espíritu de Federico que no vamos a explicar aquí porque no somos ni filósofos ni antropólogos, y tampoco queremos generalizar porque no estamos hablando de todo el mundo, estamos hablando de Federico quien podría decidir no hacer nada, creer que esto de los ciclos es pura superstición barata y hacerse el pendejo. Pero se estaría mintiendo. Eso sería complicado porque estaría faltando a uno de los principios del individualismo que tanto defiende.
Segundo ejemplo. Miguel es un foucaultanio de raca mandaca, cree en el sexo libre, no le pone misterio a la sexualidad, al instinto, a la libertad del deseo. Miguel se enamora, plantea una relación, como se diría en términos modernos, abierta. ¿Y qué pasa si Miguel siente celos porque la otra persona quiere ejercer su derecho a tirar total o parcialmente? No es del caso describir ahora cómo sería tirar parcialmente. Entra en conflicto de lo que siente con lo que cree. ¿Se debe negar Miguel lo que siente? Si lo niega falta al mismo principio rector de arriba (no mentirse a sí mismo); pero si  acepta lo que siente, entra en contradicción con el resto de la teoría. En una relación cerrada, moralmente aceptable, Miguel tendría la cosa más fácil. Una relación corriente donde todo parece estar bien, pero donde cada quien tira con quien se le da la gana a escondidas, se ponen mozos y viven en la mentira de la fidelidad que impone el modelo de familia que garantiza la mano de obra de nuestra hermosa sociedad capitalista.
Así las cosas, o en este orden de ideas, como dicen tantos académicos, parece que tenemos principios que están por encima de otros. ¿Qué está primero: la renuncia a la moral corriente (y a la tradición) que por antinatural y falsa conduce a la hipocresía, o que cada individuo debe aceptarse tal cual para salvaguardar su libertad? En nuestros ejemplos, tanto Federico como Miguel, deben optar por uno sobre el otro. Pero esto sería aceptar una suerte de axiomática de la inmoralidad, una axiomática más sencilla que reemplace los Mandamientos. ¿No es en sí mismo aceptar una axiomática de la inmoralidad un acto de moralidad tradicional como pasa con algunos logros del activismo? ¿Es posible que Federico y Miguel encuentren una manera de vivir sin principios rectores de ningún estilo o que se inventen los suyos propios? ¿Vale la pena hacerlo? ¿Tiene sentido buscar un punto medio que negocie la situación? ¿Vale la pena pensar/escribir en/sobre esto?

10 comentarios sobre “Conflictos gideanos

  1. Cuando la mamá de mi mejor amigo se murió, enterraron las cenizas al lado de un árbol de un parque público. Mi amigo lee libros debajo de ese árbol. Hubo misa, porque al papá le importa, pero el árbol es lo que le importa a mi amigo. Los símbolos pueden ser muy importantes.Creo que a la moral vale la pena echarle cabeza y reinventársela sin olvidar que está hecha pa cuando uno vive en sociedad, por lo que no sire pa nada si uno sólo piensa encerrado en un cuarto y si no es flexible cuando en determinadas situaciones, como la de Miguel, se da cuenta de que necesita algo distinto. De pronto ahí se da cuenta de que no había pensado en los supuestos suficientes y de que gris clarito no es igual a blanco

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  2. Creo que justo lo que importa, es el cuestionarse. La decisión es fundamental sólo para el individuo, quien tras confrontar esa dualidad, decide tomar el rumbo con el que va a tener que vivir su vida, así implique romper —o no— la moral, una moral. O sea, sacar consecuencias (que suena mejor que el fatídico 'atenerse a las consecuencias') de una decisión.

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  3. Moral… sentir… a mí me gusta inventarme mis propios ritos… como quemar cartas viejas, o vestir ropa nueva en un día especial.Lo esencial de los ritos es el sentir el ritmo de la vida (las estaciones, los ciclos lunares y solares, el día y la noche, las mareas). No tendría porqué ser importante el cómo.Tener relaciones abiertas es difícil. Porque aunque nuestra cabeza diga que no, todos escuchamos el cuento del principe azul y la princesa rosada (podía ser también dos princesas verdes o dos príncipes amarillos). Y todos lo creímos. Nadie es exclusivo de nadie. Nadie pertenece a nadie. Somos del viento. No es contradictorio sentir celos, es sólo que somos humanos y sentimos miedo. ¿Qué tal que alguien le guste más? ¿Qué tal que yo no sea especial para el otro?Quisiera decir que la moral me tiene sin cuidado, pero el catecismo me lo leí a los 7 años, y esas cosas no se olvidan. Pero sí sé que me importa más lo que siento que lo que dice la gente.Me importa más que encuentres tu felicidad que te apegues al rito.

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  4. En cuanto a los principios, creo que la prioridad varía según cada caso. Aparte de los principios, es necesario valorar cada situación, establecer qué quisiera uno, hasta dónde puede negociar lo que quiere, qué es lo más importante.En el fondo tal vez la cuestión es explorar hasta dónde uno quiere y puede modificar un rito, una obligación, una tradición. A veces uno quisiera algo, pero no puede lograrlo. A veces sí lo puede lograr, pero con tiempo, como un proceso, no de un día para otro. Hay que ser capaces de reconocer estas cosas como parte de la exploración. Algunos a veces quisieramos ser muy libertarios, muy foucaultianos como dices tú, pero la cosa no es tan simple. Cuando se rompe con algo, una tradición por ejemplo, también es necesario encontrar un nuevo modo de hacer las cosas, y eso es tal vez lo más complicado. En efecto, uno no se inventa un rito de un día para el otro, y menos si se trata de algo realmente significativo.En resumen, y ahí sí intentando ser muy foucaultianos, la ética puede tratase de eso, de tomarse el trabajo de encontrar modos razonables de hacer las cosas, modos que funcionen para uno y para los demás.

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