Matemáticas: Una Historia de Amor

Capítulo V

Reconciliación

No fue un divorcio fácil. Cuando rompimos empecé a buscar nuevos amores: la estadística, los negocios, el arte, la política, la geografía… Polvos de una noche, amistades con derechos, relaciones prometedoras. Nada funcionó. Con la política me comprometí más de lo que hubiera querido. Era culpa de Sebastián que me involucraba con lo que más le gustaba hacer en la vida. Pensé que nunca iba a tener una nueva pasión, alguien que me moviera el piso. Me dí por vencido. Aburrido, decidí cambiar de trabajo y me presenté a la Distrital. Me encontré con la educación matemática. Es bien sabido que la educación matemática es una archienemiga de las matemáticas. Me sentía como galán de telenovela mexicana (tengo la combinación de nombres apropiada: Alvaro Arturo) dejando a la mujer villana, quedándome con la que nadie quiere y despertando los odios más profundos. Como esas relaciones en donde se tira sin compromiso y después quedan enganchados, me tragué de la educación matemática. Fue mi relación más larga y provechosa luego de mi divorcio. Tengo ganas de volverla a ver y pasar buenos momentos. Aprendí a ser mejor maestro, aprendí cosas nuevas, montones de cosas nuevas. Empecé a ver lados hermosos de la matemática que antes no veía por el tedio y la monotonía de la relación. Ver cómo mis estudiantes hacían construcciones propias con argumentos propios era fascinante. Quería algo así, aunque fuera una migaja de eso, para mí.

Un día, sin explicación alguna, llamé a mi profesor de toda la vida y le dije: profe, ahora sí quiero hacer el doctorado.

Me encontré con más de lo mismo: definición-axioma-teorema-demostración-ejercicios. Hay cosas que nunca cambian. No esperaba que fuera “otra” aquella mujer que conocí desde chiquito. Cuando uno decide querer a alguien, lo quiere como es. Aceptando lo malo (que no va a cambiar) y resaltando lo bueno. Iba detrás de lo bueno. Me tocó estudiar por más de un año para mi examen de calificación doctoral. Del estrés me tuvieron que hospitalizar dos días. Pasé el examen, me aprobaron mi proyecto de tesis. Unos meses más tarde se murió Sebastián.

Estuve a punto de abandonar el doctorado. Me costó mucho tiempo poder volver a retomar el problema de la tesis. Las matemáticas no me anclaban a la vida. Nada me anclaba a la vida. Necesitaba encontrar un  amor que lo hiciera. Traté con la escritura, la fotografía y la música. Empecé a visitar la música todas las tardes una hora. Mi relación con las matemáticas se salvaron gracias al poliamor, a que nos dimos (y nos damos) nuestro espacio. Somos muy modernos los tres. Tengo una relación muy tranquila con cada una. Por separado no me pueden dar todo lo que necesito y yo no les aporto mayor cosa. Nada de hecho. Reconozco que, en ocasiones, cuando estoy trabajando en mi problema, miro mis partituras con ansias de que llegue la hora de saxofón. Como quien piensa en la moza mientras tira con la mujer.

Las dos saben de la existencia de la otra. Son muy maduras. Ya son chicas grandes y experimentadas. Tal vez muy exigentes, demandan mucho tiempo. Toca consentirlas lento, decirles cosas bonitas, besarlas por cada rincón para que suelten algo. Nada que ver con el sexo entre hombres. Les doy lo que puedo. Como dijo alguna vez Jaime Garzón cuando, tomando del pelo, se le empolotó a una secretaria: “disculpe lo poquito, pero es con mucho cariño”. No me dan celos de que muchos otros puedan darles más (o mejores) cosas que yo y cada una tiene claro el lugar que ocupa en mi vida.

La semana entrante me voy a terminar mi tesis doctorado en una universidad gringa.

4 comentarios sobre “Matemáticas: Una Historia de Amor

  1. También a mí me gustó mucho la serie, Artu. Las comparaciones con el sexo, las relaciones, y especialmente con el sexo entre hombres son muy divertidas!Lástima que hayas decidido terminar la cosa un poco a la carrera.Abrazo,Daniel

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  2. Buenísima la serie en cinco entregas (llegué a ella hoy, gracias al buen @bluelephant). Curiosamente, refleja muchas vivencias mías (supongo que de muchos otros matemáticos) – claro, cada cual tiene sus propios problemas, sus propias situaciones. Pero el tono general me llegó inmediatamente. Gracias.

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