Día 1

Me embutí el almuerzo y me quedó un pedazo de comida entre los dientes. No tenía más tiempo ni un trozo de seda a la mano. Casi muero de la ansiedad antes de abordar. Me tocó al lado un señor boliviano que tiene acento de latino al que se le olvidó el español de saber tanto inglés. Este es el peor puesto: ni ventan ni pasillo. Mi pantalla es la única de todo el avión que no reproduce películas. He pensado en quitarme el pedazo de comida con la bolsa en la que venía la almohada pero sería incómodo para todos. El boliviano dejó la ventana abierta, el sol se está poniendo y me da en la cara. No la quiere cerrar. Me dan ganas de hacerle comer la biografía de Steve Jobs en español que está leyendo. Se quedó dormido con la ventana abierta. El pedazo de comida quedó ahora sí anclado gracias al pan viejo con mantequilla que nos acaban de dar. Se me durmió el cuerpo, en especial el culo. Estoy oliendo a chucha. Odio montar en avión.
Las autoridades me trataron divino. No me revisaron, no me deportaron, no me pidieron que abriera la maleta, no me la rompieron, no me empelotaron (ni los zapatos), no me hurgaron el culo en búsqueda de coca. Nada. Iba preparado para lo peor. Me quedé con ganas de ser manoseado por el policía con pinta de caricatura de Tom de Finland. Nada que ver con el trato de hampón que me han dado en el aeropuerto de Caracas en la hermana república. Me voy a volver capitalista.
Mientras espero el transfer veo manadas de gente recibiendo a sus familiares. Voy a negar que soy latino. El tipo del transfer (hindú tal vez) tiene barba de talibán y porte de busetero bogotano. Es un patán que vocifera un inglés incomprensible para los gringos, para los latinos y para mí. Tarata mal a una anciana confundida por la dirección. Me deja en un edificio art decó cuquísimo. Me tira las maletas y me pide propina. En mi tierra a la gente así le dicen gonorreas.  Le niego la propina. Creo que me va a mandar de vuelta a Colombia en cajas de Fedex.
Esta ciudad es ridículamente grande. Me parece que en cualquier momento va a salir Godzilla. Me recibieron con queso, pan, acietes de oliva, agua, tabule y marihuana. Esta es una de esas casas donde no conocen la clave del wifi. No encuentro la seda. Me inundó la ansiedad. Mientras hago pipí me digo: cálmate esto es Estados Unidos, tiene que haber seda en alguna parte. La taza del baño suena muy duro y creo que desperté a alguien. Apareció la seda, ahora si a dormir.

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