Día 3

 

A esta casa le hace falta un gato. Le hice saber eso a los anfitriones pero no me creen. Los gatos son importantes para la vida, importantes no, fundamentales. No sé cómo hace la gente para vivir sin gatos. Mientras daba una vuelta dejamos la maleta en el YMCA, Young Men’s Christian Association, que no son ni young ni male ni cristian necesariamente. Vi varias viejas probablemente ateas. Conocí la gran estación y me encantó. Muy bonito edificio.
Ahora que me voy, aprendí a usar el metro. La señalización es más que clara.
He visto algunos transgeneristas un poco extraños: Hombres con barba, medio machos pero con ropa de mujer. No sé si son queer, una nueva subcultura, una nueva identidad de género o qué. A nadie le importa. Tampoco importa el par de negros que tengo al lado del metro peleando en un inglés incomprensible. Entiendo que repiten muchas veces “smell” y “ass” con algunas palabras de por medio y mucha agresividad. Me pone un tanto nervioso la situación. Estoy pensando y hablándome a mi mismo en inglés y me pregunto si es bueno o malo. No quiero parecerme, ni por las curvas, al gordo boliviano del avión. Pero cuando pienso en español me enredo mucho para decir las cosas en inglés.
Dejo la selva de cemento, la capital del mundo, dejo Nueva York con la sensación de que Bogotá es una ciudad muy hostil.
Se me jodió la percepción del tiempo. Cuando siento que han pasado quince o diez minutos, resulta que han pasado una hora o dos. Cada día parecen dos. Eso me genera una ansiedad terrible. Peor que la que sufría en Bogotá. No sé cómo controlar la ansiedad. Me cuesta mucho trabajo calmarme aquí. Trato de respirar pero es difícil. Mi ansiedad debe tener su raíz patológica pero, aunque es delicioso, no pienso volver a tomar Xanax. Cometo muchos errores. Por ejemplo ayer en el metro, me perdí muchas veces. Por ejemplo hace poco en Bogotá, compré el pasaje no para el 27 de septiembre sino para el 27 de octubre. Me costó un ojo de la cara el chiste producto de mi estupidez. A mí sí se me hacían muy baratos esos pasajes comprados sobre el tiempo. Me siento como una mierda. Tengo ganas de llorar. No solo soy la güeva del metro, soy la güeva de los aeropuertos. La diferencia es que el metro es chévere, los aviones son el peor invento de la humanidad. Todo debería funcionar vía cómodos trenes ultraveloces, no en aviones. Los odio, los odio, los odio. Y a las aerolineas más que a los aviones. Malditos aviones. Sufro de aerofobia, seguro. Veo una oportunidad de negocio: Fly Twice with Xanax for Flying. Voy a a abordar y ojalá no me vuelva a tocar en la mitad, ensanduchado. Estar ensanduchado es bueno si se trata de un trío, no de un avión, no con ansiedad, no con aerofobia. Voy a abordar, voy corriendo a toda mecha. ¡Me dejó el hijueputa avión! Por culpa del esquema de seguridad, de mi percepción del tiempo, de que al oficial no se le dio la puta gana de abrir la puta puerta que cerró muy temprano, no sé, el caso es que me dejó el hijueputa avión. Un judió hermoso está en la misma situación. Tiene los ojos más azules que he visto en mi vida, son color azul-se-da-garra. Se puso mal el tipo. Lo consolaría pero yo estoy igual o peor. Ahora sí voy a llorar, voy a llorar, la madre que sí. No lloré por haber comprado mongólicamente los pasajes para el próximo mes, no voy a llorar ahora. ¡Jueputa vida!, ¿ahora qué hago?, ¿gastar un güevo de plata en otros pasajes? Debo ser macho. ¡Maldita sea! Bueno, esto Nueva York, a nadie le importaría si lloro por ahí. Miro mi maleta para tomar nota a ver si me pueden hacer el cambio. ¡Vida hijueputa, perdí mi esfero bonito cuando me pidieron que dividiera mi equipaje en dos! Amo ese esfero, es el esfero especial, es el esfero de matemáticas. Empiezo a sacar todas las cosas de la maleta como loca desesperada. No lo encuentro. No aguanto más. Me pongo a chillar. Quiero a mi mami. Imagino una mamá que aparece de la nada y me dice con tono de mamá: respira, calma mi cielo, estás bien, estás vivo, estás completo, no ha pasado nada, el esfero no importa, el vuelo perdido no importa, respira, cálmate, guarda tus cosas y llama. Me reasignaron el vuelo pero a Los Angeles no a Ontario (California). No estaba en los planes, no sé ahora cómo llegar a Claremont y no sé cómo recoger mis maletas en Ontario donde me esperaba un transfer el 27 de octubre. Nada está saliendo según lo planeado. Tal vez eso es genial, cool, la chimba. Tal vez el único problema aquí soy yo, tal vez soy muy consentido, cuadriculado, culicuadrado, culigordo, gordo de vivir de arrunche con mi gata. Necesito un gato con urgencia. Propongo otro negocio: “Un dolar por consentir el gato diez minutos” (traté de escribirlo en inglés pero no supe cómo).
Acabo de comer, la comida es grasosa, tienen salsas ricas y parece que se trata de carne. Mi plato es un steak con langostinos. Muy gringa la vaina: dos platos que suenan caro así no salga el uno con el otro. Son algo exageradas las porciones. Seguro que yo sería uno de esos gordos de dos puestos. Pienso en Carlos. Le encantarían las galgerías y demás porquerías alimenticias de acá. Engordaríamos juntos. Me gustaría estar comiendo con él en este momento. La comida me calmó mucho. No había comido nada más que granola de jipi (sin dulce ni nada) desde las 6 de la mañana y ya son las 6 de la tarde.
Apareció el esfero. Estaba en uno de los bolsillos laterales.
Pude dormir en el avión alrededor de 30 minutos. Eso es un récord. Tengo al lado a un judío que asumo está estudiando lingüística. Toma sus apuntes y lee sus artículos especializados con mucho entusiasmo. Se ve tan tranquilo. ¡Qué envidia! Yo debería estar haciendo la misma vaina. Pero no, lo que hago es gastarme la plata que no tengo en una copa de wishkey. Malditas tarjetas de crétido capitalistas. Por eso, y por andar metido en Twitter, es que uno no progresa como la gente que está en primera clase gastando cuanta maricada.
El cielo está despejado y desde el avión se pueden ver las ciudades que parecen cuadrículas de luz. Estoy atravesando todo el país. En frente tengo a la Osa Mayor. Se ve espectacular. La reconozco, no por mis cursos de astronomía en la Naciona, la reconozco por Los Caballeros del Zodiaco. Esta constelación no se ve en Bogotá. Me tranquiliza y puedo “dormir”quince minutos más. Luego ese desespero en los pies. Me paro, me estiro. Qué vaina tan jodida. Llego por fin a Los Ángeles. El man del transfer no encuentra la dirección en el GPS. Si no está en el GPS no existe. La copié mal. Me entró la ansiedad de nuevo. Me vuelvo un desastre, se me pierden las cosas, lo boto todo, cometo muchos errores. Es agotador ser yo. Definitivamente soy una versión latina de Mr. Bean.
 
Este viaje ha sido mucho voltaje para un montañero tan ansioso como yo. Menos mal Claremont es un pueblo tranquilo.

4 comentarios sobre “Día 3

  1. Que ansiedad tan berraca con la que me dejo Arturo. Muy bueno, casi termina en Ontario (Canadá), si algún día le pasa, tiene mi casa a donde llegar. Yo vivo en London (Ontario), imagínese las posibilidades. Usted podría terminar por acá por error, como fue en mi caso. Muy buenas fotos.

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  2. Hijito mío: No me sorprende que tuvieras tantas dificultades, de las que haces gala desde que eras chiquito. Recuerdo que aunque estudiabas y yo verificaba que supieras, cuando llegaba la hora de la previa o la lección, simplemente te quedabas paralizado, con la mente en blanco, como perdido en las nebulosas. Y cuando volvías en tí, no encontrabas ni la maleta, los esferos, los cuadernos y, en fin, no te encontrabas a ti mismo. Y a pesar de eso, llegaste hasta allá para terminar tu doctorado "D-O-C-T-O-R-A-D-O" Entonces ¿qué importa ser un poco despistado? eso hace parte de la vida y gracias a eso, por ejemplo, escribiste esta entrada magnífica en tu blog. Creo que compartiste tanto tu ansiedad, que todos los que lo hemos leído subimos nuestro voltaje también. Yo incluso tuve que tomarme mis anti hipertensivos durante la lectura, (ja, ja, ja, ya no son tantos, solo uno).Bueno, además ni tan perdido estás ahora, porque hasta encontraste tu amado esfero de matemáticas. Gracias a Dios lo encontraste. Bueno, aunque si no hubiera sido así, de cualquiera de las dos formas yo hubiera estado ahí diciéndote "tranquilo, mi cielo". Y si no te hubieras quedado del avión, no hubieras visto esos ojos tan azul-se-da-garra. Ahora bien, lo único que hace falta es que nos cuentes ¿Cómo estuvo el Wiskey? también cómo va lo del Clermont. ¿Pudiste llegar? o andas perdido en algún desconocido lugar. Porque el problema es que allá si no puedes coger un bus para llegar a mi trabajo como cuando lo hiciste chiquito que te perdiste saliendo del colegio. Hijito de mi alma, desde aquí consentimos los gaticos por ti. También los perritos. Igualmente nos arrunchamos con Carlitos (si se deja, porque hoy -con la intención de arruncharlo- lo invité a almorzar donde Juanan y no fue porque dizque tenía que entregar un trabajo. ¿Habrase visto? (del verbo haber, palabra que usaba Papá Betico y que aún dice la Mamá Cayita).Bueno, mi amado hijo, desde aquí te mando mis bendiciones, mi corazón y muchos besitos.Te amo.

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