Día 16

Le pedí al señor del mostrador mi pasabordo. Él emitió un sonido igual al que hacen los gatos cuando les pisan una pata. En términos políticamente correctos, el man tenía un acento sureño bien marcado. El caso es que no le entendí nada. Hace unos días me habría puesto muy nervioso, habría empezado a actuar con torpeza y a decirme: qué bruto soy, ¿por qué no entiendo el inglés?, etc. Como ahora estoy en actitud todo-me-vale-chima, es decir, más tranquilo. Le dije muy decentemente: Señor, no le entiendo. El repitió el mismo sonido, tal cual.  Le dije, qué pena señor, sigo sin entenderle. Y en un acto impredecible, el tipo volvió a repetir el mismo sonido, al mismo volumen y con la misma musicalidad. Nos podemos quedar aquí toda la mañana si quiere, le dije, sigo sin entender qué es lo que me está pidiendo. En un inglés claritico respondió, haciendo mala cara, Last Name? Si podía hablar bien, ¿no?, pendejo. En contundente español, le respondí: Sanjuán. Se rascó la cabeza y me dijo, no le entiendo, ¿me lo puede deletrear?
Las primeras veces que los manes se hacen el examen de la próstata entran en pánico y sufren ataques de ansiedad. Es comprensible dado que si a un hombre se le mete un dedo, pierde valiosas partículas de masculinidad. Luego del quinto examen dejan el show y van al examen como el que tiene que ir al banco. Con menos drama y menos partículas de masculinidad. Algo así me está pasando con los aviones. Me siento tan fresco ahora, todo gracias a Starkville. Hasta pude dormir y leer en el avión. Estoy leyendo uno de Hemingway en inglés. Quiero parecerme un poco a mis amigos cultos que pueden leer literatura en inglés. Es una colección de cuentos y viñetas. Ya iba por la mitad y no estaba entendiendo nada, me estaba aburriendo mucho, era  frustante. Mi compañera de puesto se paró al baño y aproveché para leerlo en voz alta, como los niños chiquitos. Empecé a entender todo. Qué curioso, ¿no? Cuando llegó se puso los audífonos de su Ipod y me fui leyendo en voz alta, como los niños chiquitos, todo el camino. Se me olvidó que estaba en el avión.
Primera historia entendida (probablemente mal): Alguien desesperado en un pueblo en guerra suplicando a Jesucrísto que lo saque de ahí. Le decía a Jesús que haría lo que fuera, que iría al examen de la próstata todos los días si era necesario, que quería estar con su mamita. Me sentí identificado. Segunda historia entendida (probablemente mal): Una pareja que  no se puede casar pero se siente más que casada y se tiene que separar por la guerra. A ella se la come medio batallón, se enamora de un man y de una vieja. El tipo por su parte se gana una gonorrea por andar de pipiloco. Tratan de volver pero no pueden porque no estaban propiamente en una relación abierta. Menos mal a Carlos le aprobaron la visa y viene a visitarme en diciembre. No sé cómo me comporte en un batallón de marineros si me toca ir: ¿1/2 batallon?, ¿8/9? o sólo ¿1/4? Tercera historia entendida (probablemente mal):  Una pareja está viviendo en Italia lejos de Estados unidos (sí otra vez por la guerra) y ve un gatito mojándose bajo la lluvia. La vieja arma tremendo zaperoco para que entren al gato, está desesperada por poder consentir el gato y porder vivir con él. Mientras tratan de capturarlo para la señora, lo espichan sin querer, y se dan cuenta que tiene acento sureño. Al fin la señora se queda con su dichoso gato. Me suena familiar.
Hemingway si me entiende, sólo que el exagera al tener que  poner sus historias en el contexto de la guerra. Basta con un doctorado en matemáticas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s