Día 22

Me refutaron lo que había pensado. Sin asco. Me dio mal genio. Hay una mejor idea pero no es mía. Parece que esta sí resuelve el problema. Me dio más mal genio todavía. Sentí que me quitaron el problema. Como si el problema fuera mío. Que tonto soy. Tengo un ego infantil. Las matemáticas se hacen en equipo. Mis clases las organizo así. Ahora que recuerdo, las pocas veces que jugué fútbol, siendo defensa, siempre quise meter desesperadamente un gol y poco me importaba si mi equipo ganaba o perdía. Con el ajedrez nunca pude porque no sabía que hacer con tantos peones. Ahora voy a aceptar con humildad cuál es mi lugar en el partido y hacer todas las cuentas para corregir la cantidad de errores subsanables (?) que debe tener esta vaina. Se avecina otro partido. Ya le estoy cogiendo el tiro a la dinámica. Si puedo enseñar muy bien (modestia aparte) a mis estudiantes a trabajar en equipo, puedo aprender a hacer matemáticas en equipo. Algún día se me ocurrirá una idea que resuelva algo. Pero debo entender que no vine a eso, vine para que el problema me ayude a dejar de existir.

Un comentario sobre “Día 22

  1. Amado hijo:Tu siempre has hecho lo que está a tu alcance para corregir cualquier clase de errores tuyos, e incluso los de los demás, con tanto amor y entrega, que eres ejemplar.¿Aprender a hacer matemáticas en equipo? ¿Aprender? A ver ¿Aprendeeeeeer? ¿Y lo que hiciste con tus compañeros de la Distri, Jaime Romero, Martha Bonilla y Angel Bohorquez, entre otros, no es trabajar en equipo?Yo recuerdo esa increíble habilidad de trabajar en equipo, desde que eras chiquito y por las razones que conocemos tu y yo, no voy a describir aquí todas las cosas que hacíamos en equipo. Bueno, describo solo una: cuando no izaban bandera en el colegio no me importaba, porque tal era el trabajo en equipo entre todos ustedes y nosotros, que tocaba izar bandera en la casa los domingos. ¿Recuerdas? Era por esas cosas como el trabajo en equipo por lo que sacábamos la bandera de Colombia al patio y obviamente tu me ayudabas a arreglar todo y que quedara preciosa la mesa en la que poníamos las pequeñas banderitas con sus respectivos ganchitos, mismas que tu también me ayudabas a poner a los menores, mientras yo leía un discurso de por qué las merecían. Y tu, cuando te llegaba el turno, te dabas a ti mismo palmaditas en la espalda felicitándote, diciendo: "Defelicitaciones Arturo, defelicitaciones". Aclaro defelicitar es -en nuestro caso- muuuuuchísimo más que felicitar. Entonces, por si acaso aún no te convenzo, me cuentas y sigo describiendo cómo sabes trabajar en equipo desde muy niño.te ama, tu mami

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