Día 26

A ver,  cómo decirlo, la señora y Geraldine son divinas conmigo, pero la verdad necesito con quién hablar mierda. Amigos, compañeros, algo. Necesito reírme. Una tertulia, alguien con quien echar chisme, rulo, punto cadeneta moño. Quiero decir cara a cara. Estoy mamado del Skype y el chat. Ya con los matemáticos definitivamente no se pudo. Hay por ahí un aviso invitando a a una reunión de gente LGBT el viernes al final de la tarde. Son la versión muddsiana de Gaeds (Harvey Mudd es el nombre de la Universidad en donde estoy y Gaeds es un grupo de gays y lesbianas del que fui parte por unos años mientras estaba en la Nacional). No sé si ir o no. Quiero decir, ya estoy muy viejo para estas cosas. Para ir a un grupo de estudiantes, ¡por favor!. Yo ya me acepté y todo eso. No necesito un grupo de apoyo (las dos primeras iniciales de Gaeds quieren decir grupo de apoyo). No necesito apoyo psicológico, pero sí necesito hablar con alguien, ¡maldita sea! Tengo que obligarme a socializar. No puedo vivir encerrado todo el día con mis cuentas, y mi saxofón, y mi yoga, y mi blog, y mis dibujos. Tengo que conocer gente. Gente con la que tenga algo en común. Los maricas en problemas tienen algo en común conmigo. Soy marica y tengo problemas porque no tengo con quien hablar. Ya, suficientes cosas en común.
Hay una chica sentada comiendo. Ay dios, esto era una cena y yo no pagué el puesto ni nada, tampoco tengo hambre. Será hacerme el pendejo. Me dice la chica, si vienes a la reunión siéntate con nosotros, no te hagas tan lejos. Ok, me están facilitando las cosas, creo. Empiezan a llegar más personas. Unos siete en total. No los conté por los nervios. La mesa es redonda y todos estamos muy cerca. Eso me pone ansioso. Pensé que era como Gaeds donde uno se podía camuflar al rincón del salón en medio de una charla, o de un panel, o algo. Todos son unos culicagados. ¡Qué hago aquí!, ahora cómo hago para salir corriendo de este lugar. Ya ni modo, no me puedo ir así no más. Sería muy grosero de mi parte hacer eso. Voy a aguantar un poco. Me están mirando como diciendo: ¿este quién es?, ¿por qué está acá? Yo los miro como diciendo: sí, frescos, yo tampoco lo sé. Empiezan a hablar y no les entiendo ni mierda de lo que dicen. Miro fijamente mi termo con té verde orgánico. El termo lo compré en Starbucks, tiene la tapa negra y el cuerpo metálico cubierto de pasta transparente. La parte metálica está diseñada para escribir cosas con marcador borrable. Nerdamente he puesto algunas ecuaciones ahí. Se están riendo, caramba, creo que es de mi termo. Siguen hablando y hablando. Miro el reloj. Hasta ahora han pasado quince minutos. Se quedaron en silencio, ¿por qué no siguen hablando? ¡Ah!, es conmigo. Me puedes repetir por favor. Que de dónde soy, qué por qué estoy aquí, que parezco un infiltrado  Digo un par de cosas, entre ellas que estoy terminando mi doctorado en matemáticas. Me miran como me mira todo el mundo cuando digo que soy matemático: ¡ay tan bonito el extraterrestre! De vuelta a mi termo. Las ecuaciones siguen ahí, tal cual como las encontré la ultima vez. Nada que terminan la comida. ¿Será que pido algo de comer? No, mejor no, se vería muy sospechoso a estas alturas. Me está faltando la respiración. Voy a salir corriendo. No voy a decir que los odio a todos, pero si voy a decir, fue un error, qué digo, un placer haber venido a esta maravillosa reunión. Pero no, tengo que aguantar, queda como una hora. Pongamos atención, tal vez si pueda entender y los nervios no me están dejando. Entiendo más o menos. Están hablando puras maricadas, que el profesor tal es muy cuchilla, que hicieron la siesta, puras maricadas. Sigo muy ansioso, no puedo respirar. Momento. Primero: yo quería hablar con alguien, pues esta gente está poniendo temas ligeros. Que no me interesen en lo absoluto, no significa que no sea una conversación válida. Segundo: no me puedo sentir tan desadaptado, a ver, esta gente abrió este grupo seguramente porque tienen muchos amigos en la carrera, pues no, también tienen sus problemas. Esa profunda reflexión a dos tiempos me calma. Solucionado, queda como una hora, puedo verlos el resto del tiempo con tranquilidad, hacer el paro de que estoy socializando y a penas pueda salgo corriendo. Me preguntan, ¿qué hacías en Colombia además de matemáticas? Era activista gay.

El resto de la reunión fui el centro de atención.

Esa no era la idea, quería hablar, no hablar de mí. Aunque reconozco que me sentí bien, contento, apreciado, me pidieron que por favor volviera, que me querían seguir viendo a pesar de mi acento aspergeriano. Es lo más parecido a amigos que tengo aquí, además de la señora y Geraldine.

2 comentarios sobre “Día 26

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s