Día 35

Le tengo más miedo a la enfermedad que a la muerte, y a la locura más que a la enfermedad. A la muerte no  le tengo miedo porque si me muero ya no voy a ser consciente de que le tenía miedo a la muerte. Así que no tiene mucho sentido tenerle miedo a la muerte. A la enfermedad le tengo miedo porque soy muy gallina para estar enfermo. Además soy muy consentido y aquí estoy solo y no hay quien me apapache. Y a la locura sí pues ni se diga: eso es como estar ni muerto ni vivo ni consciente ni inconsciente, sólo dolor.
Cuando era más joven solía enfermarme cada ocho días de gripas tenaces: de una o dos semanas, con fiebres de cuarenta, amigdalitis. Era un infierno. Sebastián me enseñó a cuidarme. Hay que ser consciente de la maldad escondida detrás de los antigripales. A punta de té verde, té de jengibre y demás inmunogénicos aprendía a salir adelante paulatinamente. Aprendí a cuidarme. De él aprendí la importancia de la medicina preventiva que consiste básicamente en no comer muchas porquerías. Desde entonces llevo muchos años seguidos sin enfermarme. A veces unas gripas de un día que dan risa al lado de las gripas con fiebres y amigdalitis de otrora. Soy un tipo muy saludable y se lo debo a Sebastián y a la capacidad que tenía para imponerse sobre mí.
Anoche me empezó un resfriado. Me dio pánico. Aquí estoy sólo y no tengo nadie que me consienta. Es decir, no está Carlos para que me traiga el té y que me diga «ya príncipe, deja el show, descansa, ven te consiento». Pero como gay prevenido es más prevenido que mujer prevenida, compré limones, jengibre  té verde, vitaminas y todo lo que me pueda hacer falta en caso de que se asome un resfriado. Ya se me está pasando. Voy a completar muchos años (no sé cuantos) invicto, sin enfermarme de nada que valga la pena. Quiero vivir así el resto de mi vida. Me quiero morir como los copetones: se ven muy tranquilos en la rama de un árbol (o en un cable de luz), estornudan y ¡suaz!, caen al suelo y ya están en el más allá.

Un comentario sobre “Día 35

  1. Ja, ja, ja, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, tu papá está aquí destornillándose de la risa. Yo no podía continuar leyéndole porque me decía: un momentico, espere me termino de reír. Y con la siguiente frase otra vez destornillándose. Con atorada, lágrimas, mocos y todo. Y después, con carraspera.La frase que más nos impactó fue: "Pero como gay prevenido es más prevenido que mujer prevenida…" y otra vez juaaaaaa, juaaaa, juaaaa. Sin embargo quiero aclarar que una cosa es "mujer prevenida" (o gay, pues según tu da igual) y otra "mujer precavida" que es lo que somos las mamás. La primera precaución que yo tomaba era decirles: "te prohíbo que te enfermes" y ustedes, juiciosamente, hacían caso., Hoy te lo repito, pero más sonoro y pausado: ¡TE PRO-HÍ-BO QUE TE EN-FER-MES! Tu mismo has dicho que estás solo. No hay Carlitos, hermanos, taita ni máma que te cuiden.Finalmente, hijo de mi corazón, sigue así de sano para siempre. Te amamos, tus papis (porque tu papá no puede escribir).

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