Soy más de gatos que de perros. Mi relación con los perros es rara. Los perros me aman, me saludan, me lamen, se me tiran encima, me muestran las teticas. Tengo un cierto magnetismo canino pero a mí no me derrite como debería. Digo, para que sea como recíproca la vaina. No los entiendo del todo. Cuando estoy regludo (el 50% del tiempo (soy más circadiano que lunar)) me desespera casi todo del paseo de la perra. Como sacarla por ejemplo. La parsimonia (no ayuda lo viejita) con la que olfatea cada rincón o esa maña de detenerse infinitamente con la trompa fija en un punto del suelo. Como quien contempla el paisaje más hermoso. Usualmente el punto es popó. Para orinar parece hacer cálculos mentales de la alineación correcta de los astros para determinar el punto exacto. Orina unas diez veces. Para hacer popó ni se diga. Los cálculos son mucho más sofisticados, como un ritual extraño, siempre los hace y siempre termina haciendo en el mismo sitio. Pero lo que más detesto de los perros es que sean tan ridículamente cochinos: revolcarse en los mortecinos de ratas, palomas, y hasta de perros, comer mierda (preferiblemente de indigente y fermentada por el sol), comer carne descompuesta, comer pasto para vomitar todas las porquerías que se come y comerse luego el vómito. En fin, el punto es que los perros son una ceba. Ahora, y esto ya debe estar dicho en diez mil lugares, en todas las cosas que me fastidian de los perros reside buena parte de su encanto. Darle una vuelta me sirve más a mí que a ella. Sí, son una ceba, pero el mundo es también así, una ceba. El perro te recuerda que el mundo está lleno de mierda, de comida picha, de vómito y que no hay que hacer tanto show por eso. Soy más de gatos que de perros, pero me esfuerzo por querer a los perros porque los necesito y le hacen bien a mi vida. Si solo tuviera gatos, sería diez veces más amargado y andaría regludo el 100% de la veces. Prefiero los arrunches de los gatos (son más suaves, más limpios, más calientes, más compactos) pero cuando no se dejan amar, siempre estará la perra que no le pone peros a nada. Ni a la comida picha de la calle ni a un viejo gruñón. Pero definitivamente lo mejor que tiene la perra que no tienen mis gatos, es que la puedo llevar a la calle a que me acompañe a lo que yo quiera. Como si se tratara de un amigo, un amigo que nunca te va a decir que no. Gatos malparidos.

2 comentarios sobre “

  1. Ja, ja, ja. Hijo amado, ahí estás pintado. Dices que los perros esto, que los perros aquello, pero no puedes vivir sin ellos, no puedes dejar de sonreír con sus pilatunas de “personitas” y esa “jeta” que hacen como si sonrieran o los ojos ora tristes, ora alegres.
    La verdad es que también los amas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s