Cuando salí de mi última hospitalización era muy poco lo que podía hacer. Estaba en la recta final de mi tesis de doctorado. A duras penas recordaba conceptos matemáticos básicos y podía tardar horas contemplando una ecuación simple sin avance alguno. No podía mantener la concentración por más de quince minutos. Eso generaba mucha frustración y hacía más difícil la recuperación. Tenía que hacer esfuerzos mentales, pero sin esforzarme de más. Era difícil encontrar el equilibrio. En lo único que podía pensar, con engañosa claridad, era en el suicidio. Fue un año perdido o un año de recuperación, depende como se mire.

El empezar a hacer las cosas era lo más difícil. Como es propio de la depresión, ya no sentía gusto por nada. Por nada. Ni las matemáticas, ni el saxofón, ni la lectura, ni la escritura, ni el dibujo, ni la fotografía, ni el cine, ni enseñar. Nada, ya no sentía absolutamente nada por las cosas que me gustaban tanto. Con las matemáticas me obligué porque me podían aplicar multas millonarias si no terminaba el doctorado. En el trabajo poco a poco fui recobrando el amor por enseñar. Estamos hablando de un año más. La disciplina de recuperación: la dieta, el cuidado del sueño, la (poca) actividad física y la medicación fueron mostrando sus frutos al cabo de dos años. Dejar el cigarrillo y suspender el alcohol ayudaron también. Ando bien. En matemáticas ahora soy bastante más lento que antes, las cosas me cuestan mucho más trabajo, pero ando bien. Es como si fuera otra persona: me gustan más la matemáticas (aunque me cuestan más) y disfruto más de la docencia. De hecho descubrí una especie de pasión por las matemáticas y su enseñanza que no había sentido antes, ni en mis mejores épocas.

El problema es que ya no me gusta nada más.

La vida se me va en el trabajo y el estudio (más  trabajo).

Ahora leer (literatura no-matemática) me produce una pereza infinita. Sobre todo si son libros o novelas grandes, pretenciosas o encriptadas. Solamente estoy leyendo (raras veces) relatos cortos, fáciles de leer, ojalá autobiográficos, pocas páginas, relaticos. Por ejemplo: Kertesz, Hiraide, Oe, Bukowski, Vallejo, Molano Vargas. Vainas así. Todavía me acuerdo cuando era capaz de soportar a Dostoievski. Las películas tipo Cannes que me gustaban (el piano flotando en el río envuelto en plástico en una escena de quince minutos) tampoco las tolero ahora. Me aguanto Star Wars y The Martian, no más. No he visto el Abrazo de la Serpiente y creo que no la veré quién sabe hasta cuándo. Retomé el blog hace poco, ya llevo cinco entradas desde entonces. Lo retomé luego de haberlo cerrado un buen tiempo, al lado de Twitter y Facebook. Me sirvió cantidades, fue una buena decisión.

He recuperado cosas de lo que era pero no de la misma manera. Definitivamente soy otra persona. Como un reboot, un upgrade, un init 6. Solo que el sistema quedó actualizado de una manera extraña. Escribir en el blog es entretenido pero no me mata, me da jartera escribir más seguido. Realmente lo reabrí por Carlos que me decía, retoma tu blog, escribías bonito, eso te puede ayudar. Escribir es entretenido pero no lo siento como un gran alimento para el alma.

Lo que sí recuerdo como un gran alimento para el alma es el saxofón. Estudiaba juiciosamente una hora al día al finalizar la tarde. Cuando estudiaba matemáticas, veía las partituras y decía: ya casi, ya casi es hora, aguanta, el postre va al final. Los pasatiempos son importantes, no todo puede ser matemáticas en la vida. Por el saxofón ya no siento nada. Nada de nada. Pero si me pude obligar con las matemáticas, me puedo obligar con el saxofón. Hace tres años que lo dejé botado.

Hoy volví a ensayar cuarenta minutos. Al final ya estaba rendido, con la boca pelada y los dedos entumecidos. Los ejercicios de técnica definitivamente no me salieron.

Ojalá pueda recuperar lo que alguna vez fue mi pasatiempo favorito.

 

5 comentarios sobre “

  1. Sonreí con el init 6. Me identifico con varias situaciones, no logro imaginar otras.

    Yo siento que también es un ejercicio de humildad y de compasión. De ser bueno con uno y eso incluye la paciencia. Como con el tobillo, que caminar me costó sudor y dolor, salir del año difícil costó esfuerzo y requirió valentía. Es bueno ser diferente y seguir siendo uno. Siempre que los pensamientos pasan por los recuerdos de cómo era, pienso en la estabilidad alejada del equilibrio que caracteriza a los sistemas autopoiéticos.

    Siga escribiendo. Gracias por compartir.

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  2. Escribes muy lindo, sobretodo porque puedes ayudar a mucha gente con tus experiencias y vivencias. Ojalá le vuelvas a cojer gusto al saxofón, sino tienes otras alternativas. Opino que hagas deportes extremos; adrenalina pura! 😊

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  3. Comprendo cómo te sientes con esa extraña sensación de percibirte ahora distinto que antes y enfrentarte a que hay cosas que ya no te motivan como lo hacían antes. Sin embargo, tu eres como el ave Fénix, que te levantas de las cenizas para remontar el vuelo. Lograste tu doctorado y continúas estudiando. Retomaste la escritura en tu blog, ahora eso que te hacía tan feliz que es tocar el saxofón. Incluso la bicicleta, comer riñones, hacer reuniones, recibir visitas y visitar amigos. Y cada vez eres más grande, más sabio y experimentado, más maduro y sereno.
    Te amo y te admiro tanto, hijo de mis entrañas.

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  4. Ya has ganado mucho en estos dos años y seguirás haciéndolo. Ya verás que las notas del saxofón te animarán de nuevo, sin afanes. Me ha alegrado mucho volver a leerte.

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