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La universidad lleva cualquier cantidad de años tratando de reformar su estructura académico-administrativa. La actual es ineficiente, por decir lo menos. Se creó una comisión democrática para proponer una reforma definitiva. Este es el enésimo intento de reformar la universidad.

En las pocas asambleas reformistas que asistí pude ver lo mismo de siempre: manipulación de actas, cooptación de las comités por grupos políticos, etc. Al parecer, el Consejo Superior se comprometió con lo que saliera de ese proceso, ahora se dio cuenta del “bebé” que viene en camino y da indicios de querer abortar. Un estimado lector nos pidió el favor de leer el resultado de ese proceso.  Lo llamaremos El Documento. Debe ser que el lector cree que si uno no está de acuerdo con que vuelvan mierda la universidad, es porque uno no lee.  Me disculpa el uso de la palabra mierda, en este caso se puede usar en sentido figurado y en el sentido literal. No hay palabra más adecuada.

El Documento tiene la presentación de unos estatutos que se pretende sean aprobados sin leer (que curioso) por el Consejo Superior. Buena parte de la redacción tiene un tono de jipi trasnochado que no sé a qué viene. Pareciera que la única investigación posible es la investigación social aplicada o dispositivos tecnológicos para acabar el hambre y la pobreza. Se usan los términos epistemología y ciudad-región tantas veces como sea necesario para justificar algo. Lo que menos me gusta de El Documento es su tufo a constitución política de un país imaginario aplicado a una universidad pequeña. Ni la Nacional que maneja más presupuesto que tres departamentos pequeños de Colombia tiene tanta grandilocuencia estatutaria. Esas son algunas de mis observaciones de forma. En el fondo hay muchas cosas con las que estoy en desacuerdo: la creación de una burocracia académica mucho mayor que la actual (escuelas, institutos, consejos y asambleas de todo tipo, etc.). En ninguna parte dice de donde va a salir la plata, el tiempo o la gente para todo eso. Así hay varias cosas, pero a riesgo de que se piense que no leo, no me voy a poner a discutir aquí cosa por cosa. Quiero mencionar el tema del rector (primera cosa en la que se patrasió el Consejo Superior). Se pide elección directa (con revocatoria y toda la vaina) y las proporciones están hechas de tal forma que basta convencer a un sector de los estudiantes (los que están en paro, por ejemplo) apoyados por un sector (no necesariamente tan grande) de profesores y suaz, tenemos rector revolucionario. Lo de revolucionario es por molestar. Lo de menos es que el rector sea revolucionario o reaccionario. Lo preocupante es cómo con unos supuestos fines democráticos y populistas se politiza, aún más, la universidad.

La vaina es un tire y afloje entre el Consejo Superior contra el resto de la universidad. Digo el resto porque decanos, consejos, directores de dependencias, coordinadores y otros profesores han hecho público su respaldo a la aprobación inmediata de El Documento. Estas directivas han dicho respetar la manifestación estudiantil pero se han pronunciado en contra de bloquear los salones y oficinas. El lío es que gracias a esos bloqueos el Consejo Superior se patrasió la última vez (de hecho se patrasió dos veces seguidas). Esa vez no era para que aprobaran una reforma, era para que anularan una aprobada. Ese penúltimo intento de reforma era todo un adefesio. Si ya ha funcionado en el pasado volver mierda la universidad para alcanzar ciertos objetivos, ¿por qué no va a funcionar ahora? El anuncio de la venta de la ETB y el estudiante en coma, en principio no tienen nada que ver, pero le da “argumentos” a los estudiantes que tienen bloqueada la universidad para “reclamar sus derechos”. Esto causa un gran ruido en toda la situación.

Cabe aclarar que los estudiantes no paran. Eso es chistoso. Podrían parar los profesores o administrativos, pero los estudiantes no, no son empleados de la universidad. Es bueno que se saque la palabra paro de la pelea. A menos que, en efecto, estén parando profesores o administrativos a escondidas de los estudiantes. Paran profesores, médicos, obreros, camioneros, taxistas, jueces, pero no estudiantes. Guardadas las proporciones es como si un grupo de enfermos de un hospital bloquearan con camillas y sábanas el depósito de medicamentos y prohibieran el ingreso de especialistas y enfermeras: “paro de enfermos en los hospitales distritales”, diría El Espectador. Un paro de estudiantes es un contrasentido. Los estudiantes no paran, los estudiantes se manifiestan, protestan, alegan. Las protestas estudiantiles deben señalarle a los más viejos y coetáneos lo que es necesario cambiar. Ojalá con creatividad como cuando ocurrió lo de la MANE. Las protestas estudiantiles no son para intimidar a profesores y estudiantes con cambuches, sillas y mesas.

Lo que los estudiantes están llamando paro, no es sino una forma de vandalismo y violencia contra la universidad y su gente. Se esperaba más creatividad de su parte.

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