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Pensar es una idiotez.  Ya que la afirmación parece un contrasentido, voy a precisar. Uno de los síntomas inequívocos de que me estoy poniendo mal de la cabeza es no poder parar de pensar: “si hubiese hecho esto, si hubiese dicho aquello, tal vez, sólo tal vez estaría vivo”; “si no termino el doctorado, me van a echar de la universidad, voy a perder el apartamento, me tocará vivir como indigente.” El ciclo de pensamientos no tiene fin. Pueden ser pensamientos en los que se corrige idealmente el pasado o en los que se vislumbran supuestas desgracias a futuro. El bucle infinito de pensamientos produce insomnio, el insomnio psicosis y la psicosis dolor infinito.

La pensadera  no es solamente un problema de los que padecemos algún trastorno. Los sanos no se salvan. Todo el tiempo veo estudiantes, compañeros, amigos y familiares pensando idioteces. Lo más peligroso de pensar es que uno cree que le está dando una suerte de marco teórico a toda la locura. He visto familias enteras movilizar todos sus esfuerzos detrás de los pensamientos locos de alguien que ha vislumbrado una inminente ruina. No sólo pensamos basados en el miedo al futuro, pensamos basados en la culpa del pasado. Mis papás, por ejemplo, duraron años preguntándose: “¿qué hicimos mal para que nuestro hijo resultara homosexual?”. Se veían tan atormentados por la pregunta que no se daban cuenta que era ofensiva. Seguramente se debieron haber dado mucho palo innecesario mientras trataban de encontrar una respuesta a algo así.

Las cosas pasan. No son buenas ni malas por sí mismas. Pasan y punto. Aceptar las cosas que ya pasaron y aceptar lo que sea que esté por venir es aceptar la realidad, la mejor medicina preventiva contra la psicosis. Reflexionar de tanto en tanto puede ser sano. Cosas como: “creo que la cagué, me toca pedir disculpas”; “no debería mezclar tantas drogas al mismo tiempo”, qué se yo. Pero pensar es inoficioso, inútil, idiota. Pensar es enfermo. Descartes fue muy piló leyendo a Euclides pero como filósofo era un güevón. El orden es el siguiente: pienso, luego me deprimo; me deprimo, luego no duermo; no duermo, luego me enfermo; me enfermo, luego me mato; me mato luego, no existo. Por lo tanto: pienso, luego no existo. Los orientales la tenían más clara con el yoga y la meditación. Lo mejor que uno puede hacer por su mente/cerebro/espíritu/cuerpo es aprender a disciplinar la cabeza para dejar de pensar maricadas.

El pensamiento debe estar confinado a vainas entretenidas, intelectuales o artísticas: resolver sudokus, demostrar teoremas, escribir un poema, cosas así. A mí me ha funcionado. Siempre trato de tener un problema de matemáticas almacenado en la cabeza. Elemental o avanzado, no importa. Lo mastico en el bus, en la bicicleta, mientras camino, si almuerzo solo. Aveces me emociono de a mucho pensando en matemáticas y me afecta el sueño, pero nada grave, nada que no se solucione al otro día con un poco de disciplina y una gota extra de Rivotril.

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