Otredad

“Los japoneses nos llevan mucha ventaja”. Así me han comentado muchas personas a raíz de mi diario de viaje a Japón. Es indiscutible. Durante todo el tiempo me pregunté en qué consiste la dichosa ventaja, qué importaría de Japón a Colombia y por qué me da tanta envidia lo que tienen los japoneses en su país.

El lugar común de la ventaja japonesa es su desarrollo tecnológico. Pues sí vi un par de robots de juguete por ahí, motos inteligentes y cosas de esas. No me pareció nada del otro mundo dado que estamos en un mundo globalizado. Seguro el desarrollo tecnológico japonés está a la vanguardia, pero la tecnología cotidiana es como la misma. Usan máquinas para comprar cosas y ordenar en los restaurantes. Muchos inodoros tienen un sistema que te lava el culo automáticamente. Todo eso me parecen bobadas. No importaría nada de eso al país. Serían espejos para comprar indios, chucherías, baratijas. Sin mascotas robot y con inodoros manuales podemos sobrevivir.

Un poquito más interesante que las baratijas electrónicas es el hecho de incorporar la tecnología general al diario vivir. Por ejemplo: Tener distintos sistemas de pago y máquinas (suficientes) para agilizar la entrada a las estaciones del metro. Eso no requiere de nanorobots ni de computación cuántica. A nosotros mientras tanto nos toca hacer unas filas interminables en las estaciones de Transmilenio porque nuestra tecnología mental no da para más.

Aún así, creo que podemos aguantar con nuestra tecnología del Siglo XXI  que usamos con formas de proceder del Siglo XIX.

Realmente la tecnología y su fluir cotidiano hacen parte de algo más grande en Japón: La infraestructura. Es cosa monstruosa. No tienen nada que envidiarle a gringos o europeos. Es más, gringos y europeos tienen mucho que envidiarle a los japoneses en términos de infraestructura. Por ejemplo: el sistema de metro y de trenes que conecta a casi todo el país es cosa brutal. Los trenes que conocí en Italia parecen decorativos al lado del sistema ferroviario japonés. Así todo: vías, aeropuertos, telecomunicaciones, etc. Sin hablar de la integración de lo anterior entre sí.

A Bogotá le hace falta un metro que no sea el capricho político del alcalde de turno. Tampoco sería eso lo que importaría de Japón a Colombia. Bueno sí, pero otros países pueden participar en mi licitación hipotética. Muchas ciudades tienen metros aceptables y las dejaría concursar. Si la cosa es imparcial es muy probable que ganen los japoneses.

Tampoco importaría su sentido estético. Acá también podemos tener buen gusto y podríamos desarrollar y apreciar un sentido estético criollo. Más bien extraditaría esa estética (?) gringa tan vulgar y escamosa. Debo reconocer que me gusta muchísimo la estética japonesa (no tanto la tradicional/folclórica ni la derivada de Hello Kitty). Esa limpieza y elegancia que tienen para vestir, para hacer parques, para decorar cosas va mucho conmigo. Mucho.

Sí, los japoneses nos llevan mucha ventaja y creo que es como civilización. No se angustie compatriota. Salvo en países como Canadá o Islandia (que no conozco), me atrevería a decir que a los gringos y a muchos países europeos también se los llevan por delante. No me pareció una civilización basada en el miedo a las consecuencias de infringir la norma ni en el miedo a no desatar la neurosis del vecino. Está basada en otra cosa y creo haber identificado qué es.

Hago la salvedad de que no estoy hablando de civismo, que también abunda en Tokio. Frenar antes de la cebra, no pitar por el afán, no tratar de matar al peatón con el carro, no atravesarse en la mitad de la calle, no botar basura por ahí. Los japoneses tienen de todo eso. Mi teoría es que el civismo tokiota es más una consecuencia de algo, que una imposición neurótica. Si bien a nosotros nos hace falta ser más cívicos, estoy dispuesto a renunciar a importar civismo japonés y traería al país algo más general.

Es insuficiente, pero parte de la clave del avance de la civilización japonesa radica en el respeto. Suena pendejo, pero deme una oportunidad. El respeto atraviesa de una manera increíble todas las esferas de la sociedad: el respeto por uno mismo (cuidarse, bañarse, consentirse, verse bonito), el respeto por los demás (pedir perdón, pedir permiso, pedir el favor, dar las gracias, ceder el paso), el respeto por los más viejos, el respeto por la comida, el respeto por sus tradiciones, el respeto por su historia, el respeto por los extranjeros, el respeto por los diferentes. Digo que el respeto es insuficiente porque va más allá. Es algo más general, es algo más abstracto,  es algo que no he visto en otro lado de esa forma (debe haber). Yo lo llamaría otredad o, como lo define la RAE, “condición de ser otro”. El saberse otro cuando estás en la calle, en el colegio, en el espacio público y privado. El no tomar lo que no es tuyo, el tomar consciencia del espacio y del tiempo en relación con los demás, que el espacio y el tiempo son compartidos, en que no soy yo primero por encima de los demás. Vivir esa otredad es muy bello. Es ética y estética. Es una muy buena base para montar una civilización. Es vivir en carne propia el proverbio zen que dice que “la mayor falacia es creer que yo estoy aquí y tu estás allá”.

Eso importaría de Japón a Colombia. Toneladas y toneladas de otredad. Cómo nos hace falta de eso. Lo demás ya veremos.

 

11 comentarios sobre “Otredad

  1. Tuve la oportunidad de estar en Japón durante dos semanas en el año 2008 y estoy totalmente de acuerdo con lo que usted expresa aquí. Es increíble, se siente en todas partes. Es algo que pareciera que nace con ellos.
    Excelente.

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  2. Qué buen post. Y cómo captura cosas claves de allá.

    El respeto, sí. Pero también el *cuidado*. Uno siente que la gente cuida los asientos del tren, el tren mismo, a la otra gente.

    También siente uno que el civismo es consecuencia de algo, no es un civismo “de reglamento”. En general todo parece ser consecuencia de algo.

    Como si entendieran que si no nos cuidamos todos un poco podemos muy fácilmente destruirnos. Estuvieron a punto de destruirse y de destruir a muchos de sus vecinos, hace tan solo unas décadas. Se dejaron llevar por el nacionalismo e imperialismo locos, y pagaron duro el error. De pronto lograron aprender algo que nos hace falta aprender a nosotros.

    Me gusta mucho la idea de otredad. En Japón parecen haberla interiorizado de maneras increíbles.

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  3. Amado hijo, cada vez que has viajado has crecido y en el viaje a Japón supieron llenarte de crecimiento personal, cultural, social y espiritual. Que bonita entrada. Me gusta tanto sentir que estás pleno de satisfacción y de buenas utopías, que te hacen capaz de creer que se debe luchar por ellas. Te amo.

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