Feminista

Hace unos días hice la siguiente declaración política por Twitter:

 

Parece una bobada pero para mí es algo más profundo.

Mis primeros acercamientos al feminismo fueron hace unos veinte años, obvio, a través de mujeres feministas. En Gaeds organizamos varias charlas con ayuda de la escuela de género en las que participaron Florance Thomas, Juanita Barreto y otras que ya no recuerdo. Por mas charlas que organizara, mi conclusión (más o menos consciente) era siempre la misma: el feminismo es un asunto distante, lejano, es un asunto de viejas. Lo que sí adopté, por un tiempo, fue esa manera horrible de hablar diciendo barbaridades y barbaridadas. No era feminista en absoluto, pero parecía feminista. Hablar así dejaba tranquilas a muchas personas.

Después de una larga discusión con Javier (que perdí), deje de hablar y escribir así para siempre. Tengo un par de amigas que todavía creen que me pueden obligar a hablar de manera incluyente. Por incluyente entiéndase mal.

Me gradué, me fui de Gaeds y mis contactos posteriores con algunas feministas (¿radicales?) fueron desastrosos para mi construcción de hombre feminista. Demandaban energúmenas el uso del las les lis, la patria, la matria, los panes y las panas; pero ése no era todo el problema. Recuerdo una vez que Sebastián y yo estábamos sanos en una reunión celebrando algún logro del activismo. Se nos acerca una señora ícono de la causa (repito, estábamos sanos) y nos dice algo así como: “ustedes loquitas brinconas, ¿qué van a saber de dolor y sufrimiento?, ustedes que piensan con el culo y si están tristes se van a Theatrón a levantar polvo. ¿Dolor?, dolor el que siente una mujer, sobre todo si es lesbiana, eso sí es dolor”.

Desde ese día quedé rayado con el feminismo. Quedé rayado porque no era cualquier persona, era una feminista reconocida. La idea del feminismo (o el activismo) como una competencia de quién es el más sufrido pues no me cala mucho. Luego tuve otros encuentros similares con otras feministas por el estilo. Fue así como el feminismo me empezó a saber a mierda. Ya no solo me parecía un asunto lejano de viejas, ahora me parecía un asunto lejano de viejas locas.

Tenía que hacer mi declaración política por Twitter porque fue por ahí que empecé a conocer versiones diferentes del feminismo, profesado incluso por hombres. Ha tomado años esta conversión. Algunas de estas personas son: LauraJavierAleyda, Ana María, Lorenzo y Jorge Mario. Incluso tuve peleas imaginarias con algunos. Lo primero que empecé a entender es que eso relatado arriba (y lo que no está relatado) no es feminismo, eso es resentimiento, victimización, maltrato al español, pero no es feminismo. Al menos no en la corriente en la que sea que esté adscrito yo.

Empecé a dejar de desconfiar poco a poco de la palabra feminismo. Decidí aceptar algunos llamados a refelxionar sobre mis propias conductas machistas. Me di cuenta que son muchas. Todavía deben ser muchas. Ojalá fuera tan fácil dejar todas las conductas machistas con una declaración. Luego empecé a notar que el machismo es un pecado que padecemos hombres y mujeres por igual sin distinción de raza, religión u orientación sexual.

Un empujón a mi conversión como feminista fue conocer algunos casos de estudiantes maltratadas en la casa por un hombre. Eso me sacudió. Sin hablar del acoso que viven algunas estudiantes por parte de sus compañeros y profesores, pan de cada día.

Otro empujón fue haber visto el documental The Mask You Live In que habla sobre la depresión, los suicidios y el dolor tan bravo que cargan los niños y  adolescentes varones por culpa del machismo. Según Wikipedia, el feminismo busca “cuestionar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres”. Todos tenemos tanto de hombre como de mujer, por eso el machismo es una forma de violencia que destruye también a los hombres. Para ser un verdadero hombre en la cultura machista hay que ser el más fuerte, el más vergón, el más platudo, el más mujeriego, el más matón, el más hijueputa. El mundo estaría plagado de Trumps, Putins, Uribes, Mancusos y otras gonorreas por el estilo. Ése sería el mundo.

Muchachos: ser feminista es lo más inteligente. El feminismo nos conviene.

Muchachos: ¿se imaginan un mundo donde puedan expresar su lado masculino y su lado femenino sin problema? Por ejemplo, un mundo en el que si llora porque se le murió el gato no va a ser tildado de menos hombre y que si alguien le dice nena por eso, pues no va a ser un insulto. Ese mundo es más interesante para nosotros los hombres que el otro donde tenemos que competir como sea para ser el más putas del universo, el macho alfalfa que llaman.

Finalmente lo que rebosó la copa, lo que hizo que me declarara feminista fueron los olímpicos. Vi muchísimos casos de machismo en los olímpicos. Mujeres que ganaban más medallas que hombres pero la entrevista era para los hombres, si ganaba una mujer es porque nadaba como hombre o tenía entrenador hombre, mujeres atletas que sin importar si ganaban o no lo que se reportaba era el culo tan divino.

Me mamé, me armé de valor y tomé la decisión: me declaré feminista. No se me ha caído ninguna güeva hasta ahora.

El feminismo va mucho más allá de igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Los homosexuales no lo hemos notado, pero el feminismo es la verdadera causa. Lo LGBTQI+HXRTW es una cortina de humo autoimpuesta. Venga le explico. El odio a los maricas no es sino machismo, es el odio a la expresión femenina del hombre. La solución: el feminismo. El odio a las lesbianas no es sino machismo porque una mujer se atreve a usurpar el lugar de un macho. La solución: el feminismo. Así podemos seguir con el tránsito entre géneros y todos las demás letras. La solución compañeros, es el feminismo.

Quería escribir un párrafo explicando por qué el feminismo es el verdadero marco para la paz pero esta entrada ya está muy larga. Más bien los dejo con este video para que se mueran de la risa.

2 comentarios sobre “Feminista

  1. Ay, no. Yo no sé cómo encuentras las palabras perfectas para autoreflexionar (léase reflexionar sobre sí mismo #sarcasmo) y autocriticarse de manera tan bonita, pero sobretodo para encontrar cómo ejemplificar con recursos tan dicientes y en este caso tan simpático. Te amo, hijito lindo, ¿ya te lo había dicho?

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