Praga en moto

Eso de vivir el aquí y el ahora es como jodido. A los monjes tibetanos les queda más fácil, obvio. Ponerle arena al mandala, contemplar la eternidad de la nieve, rezar. Una agenda muy apretada. A mí me cuesta más trabajo. Esta mañana iba en la moto.

Empieza paréntesis.

Vivo a unas treinta cuadras de la universidad. La universidad y mi casa quedan en la burbuja. No tengo que ir de San Mateo a Subazar ni nada por el estilo. Aún así, movilizarse  a ciertas horas es toda una odisea. Parece que la única forma razonable de llegar a clase de ocho es en moto. Como en los pueblos, como Leticia o Sincelejo. Está bien, pueblos no, capitales pequeñas. De pronto a eso está condenada Bogotá, a ser una capital pequeña que encierra a más de ocho millones de habitantes. Claro que sí, podría irme en transporte público. Para eso sólo tendría que levantarme una hora antes y esperar cuarenta minutos en la Séptima hasta que pasen tres buses seguidos. Me imagino a los conductores de esa ruta (18-3): “Sal tú, no sal tú primero, no, tú tú tú —pasan cuarenta minutos mariquiando— mejor salgamos todos juntos”. También podría irme en taxi, si algún taxi parara por la burbuja antecitos de las ocho, claro. No me pregunten por la bicicleta, mi estado físico definitivamente no da para subir esa loma. Menos con este clima. Carro tampoco pienso comprar, soy del combo anticarro. El carro es más caos, más mierdero, más contaminación, más estrés. El caso es que la moto es lo más razonable para llegar a tiempo. Sé que dije que nunca me montaría en una moto. Mis papás se encargaron de mostrarme las consecuencias de accidentes de moto. Me dijeron, entre una moto y un revolver, cómprese el revolver y mátese, es más rápido y menos doloroso. Todo eso me dijeron. Yo mismo he presenciado una boleta de accidentes en moto. Una vez vi un tipo que salió volando por los aires y quedó estampado y destruido contra un bolardo. Me estoy desviando del tema. El caso es que no, no compré moto. Solo me dejo llevar. Ya me acostumbré. Incluso anoche soñé que ya había entendido cómo jugar con el centro de masa y dábamos las curvas con la moto casi acostada en el suelo.

Fin del paréntesis.

Mientras mi cabellera ondeaba con el viento (mentiras mamá, llevaba casco) iba meditando sobre el año en curso. Montar en moto me pone de pensamiento profundo. Ido, mejor dicho. Iba pensando que esta ciudad y este año me tienen saturado. Este aquí y este ahora me tienen mamado. Doy gracias, a mí me ha ido bien, muy bien, ha sido un año muy productivo. ¿Por eso no tengo derecho a estar mamado de este aquí y de este ahora? Me imaginé viviendo en Praga. Me imaginé abrumado por la belleza que todos dicen que tiene esa ciudad. Me imaginé diciendo por Twitter: “¡Jupeuta que ciudad tan putamente hermosa, jueputa, jueputa!” Algo así. Me imaginé no entendiendo una mierda y cambiando este mierdero por otro mierdero, más bonito, por un ratico, no sé.

Por diez minutos monté en moto, por Praga, en una Harley, con mi melena al viento. Todo eso mientras pasábamos por el Parque Nacional.

Un comentario sobre “Praga en moto

  1. Pa saber que los checos no son tan chéveres. Pero sí, Praga es sabrosa y barata. Y en la moto seguro no le pasa lo que en bicicleta, que las ruedas se van entre los huecos de los adoquines centenarios y se va uno de jeta. Sobre todo si va en una Harley.

    Severo eso de ir en moto bien capitalista con su derrochón motor gringo en medio de los edificios todavía pintados igual de Praga. De fondo el edificio ese de los bebés gateando pa arriba.

    Severas gráficas.

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