El elefante en la habitación

¿De qué murió Sebastián? La pregunta que pocos se atreven a hacer y que difícilmente contesto. Es la pregunta tabú de la que muchos creen saber la respuesta. En todo caso, ¿qué le importa? Muchos conocieron al Sebastián grande, valiente, inteligente, héroe. Era difícil creer que alguien como él tenía miedos e inseguridades. Yo lo conocía bien. Yo conocía ese otro Sebastián, el Sebastián humano del que estaba enamorado, con el que conviví por casi once años.

¿De qué murió Sebastián? La respuesta es sencilla. Sebastián se murió de miedo y de negación. De miedo al odio, al rechazo, a la discriminación. No era tan infundada la cosa. ¿Se acuerda de la cariñosa? Por su vida pública ya tenía varias amenazas reales de muerte -entre otras cosas- sólo por el hecho de ser homosexual. Se sentía señalado y la situación lo empeoraba todo.

La Soledad tampoco ayudó. Sebastián hizo a su millón de amigos a un lado. ¿Y yo?  Bueno, yo no estuve a la altura de la situación. Caí en el mismo miedo, en la misma negación y en una confusión que rayaba en la locura.

De eso fue de lo que se murió Sebastián, porque de VIH ya nadie se muere.

Con la mayor tranquilidad del caso, Carlos me dijo que era hora de un chequeo médico. Llevo rato haciéndome el pendejo. Si no fuera por él, podría estar repitiendo la misma historia sin darme cuenta.

2 comentarios sobre “El elefante en la habitación

  1. Uno termina eligiendo ser tan bobo como la comodidad se lo permite. Mi nivel de bobedad me da pa apropiarme de todo lo que encuentre sensato en los libros y en las películas. Aquí parafraseo a The last samurai, sin normas APA ni nada de esas mierdas. Es la frase con la que el samurai blanquito, tras la pregunta de Cómo murió el gran samurai, le dice al emperador, lo que debía ser verdaderamente valioso para ambos: [Prefiero] hablar de cómo vivió.

    El cómo murió creo que es y será siempre una visión diferente del cómo se acabó ese apego. Por eso mismo paso a decir Gracias por compartir aquello que es importante y valioso, porque nada más hay para decir.

    Le mando un abrazo; se lo doy doble después que volvamos a tomar algo. Por lo tanto, es su deber hacerse revisar y cuidarse esa salú hasta que nos podamos ver (y más allá).

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  2. Miedo e inseguridad sentimos todos. Prefiero recordar no cómo murió, sino como vivió. Dejó una enorme y profunda huella en nuestros corazones y en nuestras vidas y tal vez nunca supo lo importante que era y cuanto lo amamos. Pero yo sé que él me está escuchando. Nunca lo olvidare porque siempre lo recuerdo como el primer día que lo conoci

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