Berrinches

Se están subiendo los últimos pasajeros al avión. Una señora inicia una conversación con su compañera de vuelo. Por su forma de hablar queda claro que su verdadera intención es abarcar la mayor cantidad de público usando una conversación como pretexto. Como si estuviera en las redes sociales (cf. Menos). Está quejándose de la austeridad de este avión de Aerolíneas Argentinas y de la cantidad de años que parece tener la nave. Pero sobre todo se queja de que no hay una pantalla en cada silla. Toma como una agresión que la aerolínea deje a los pasajeros solos con sus egos por un par de horas. A medida que va voceando su discurso-protesta-conversación busca en la mirada de los demás pasajeros un gesto de aprobación, un like. Finalmente se queda sola en su causa.

El avión arranca y con él, el berrinche cósmico de una bebé de una pareja joven. Los papás la zarandean de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Esto solo empeora las cosas. Los papás, a diferencia de la señora de antes, fueron precavidos y trajeron su propia tableta. Llenos de esperanza, retoman el capítulo de Peppa Pig que la criatura estaba viendo unos instantes atrás con la misma expresión de enajenación que tienen los profesionales del Candy Crush. Es inútil. Con impaciencia le agarran un brazo para que toque la pantalla. Es así como empiezan a volar cachetadas, rasguños, puños y patadas. En este punto ya está gritando como la niña de El Exorcista. Los fluidos corporales hacen los suyo y la bebé se está ahogando en sus propias babas. Los pasajeros se voltean y miran fijamente a los papás con reproche. Tampoco funciona. Finalmente la mamá se saca la misma teta que hace unos instantes fue rechazada, medio la toca, medo la babea. Cae profunda el resto del vuelo.

A mi lado una señora está llorando de manera casi infantil contra la ventana. Esperemos que no sea algo contagioso. Cubre su llanto pero es una mera formalidad. Todo indica que quiere que yo me de cuenta que está sufriendo. Pienso en ofrecerle una conversación, privada y dirigida. Una conversación a la antigua, mejor dicho. Finalmente no encuentro cómo abordarla y tampoco creo que le guste oír mi opinión. Sirven la comida y le pasa algo parecido que a la bebé: cae dormida sobre mi hombro. De alguna manera estoy consolando a está mujer, aunque preferiría que no me siga llenando la camisa de mocos.

De vez en cuando me viene bien no ser parte de los berrinchosos del avión. Así se lleve por dentro, berrinche es berrinche y es muy poco lo que pueden hacer los demás al respecto.

peppapig

2 comentarios sobre “Berrinches

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