De matemáticas y el poder

Esto es una respuesta a este post del profe Andrés sobre el rol de las mujeres en la matemática colombiana. A diferencia de él, no me di cuenta de que algo andaba muy mal por una suerte de iluminación repentina. En mi caso he venido ganando consciencia paulatinamente, con discontinuidades y algunos retrocesos. Por ejemplo, me ha costado trabajo identificar algunas estructuras patriarcales y machistas dentro y fuera de la universidad que hacen que las mujeres sean más propensas a abandonar la carrera. Con respecto a eso no hay mucho que yo pueda hacer para cambiar la situación. Más difícil y mas interesante ha sido darme cuenta de mis propios comportamientos machistas. Por ejemplo, casi todos mis tesistas han sido hombres y eso no se corresponde con la distribución de sexos en la carrera. Hasta hace poco me empecé a preguntar con algún juicio, ¿por qué? ¿qué estoy haciendo mal? No he encontrado una respuesta definitiva, pero por ahora lo atribuyo principalmente a una forma de ser agresiva que muchos me celebran, pero que no todas las mujeres están dispuestas a enfrentar.

En el congreso del año pasado se instalaron unos afiches de mujeres matemáticas en el mundo y armaron un comité de género e inclusión. En ese contexto me preguntaron que cuáles acciones afirmativas podía proponer yo. Mi propuesta inicial fue (y sigue siendo) que le dieran un buen porcentaje del comité ejecutivo a mujeres, comité que es usualmente (¿siempre?) conformado exclusivamente por hombres. También dije que nada mejor que ganar visibilidad galardonando mujeres en los premios de matemáticas. El silencio sepulcral fue la respuesta a mis propuestas.

En Madrid le dije a mi colega (mujer) que me habían llegado unas encuestas de la Unión Matemática Internacional sobre el rol de las mujeres en la matemática en el mundo, que si la quería llenar. Me dijo que no iba a llenar más encuestas, que llevaba años llenando encuestas de ese estilo y que la situación de las matemáticas en su país iba igual o peor.

El poder en la sociedad matemática en Colombia (y seguramente en el resto del mundo también, no sé) está concentrado en los hombres, es ejercido por hombres y para los hombres. Mientras los hombres que ostentan el poder no tengan que cederlo, mientras no tengan que visibilizar en serio el trabajo de las mujeres matemáticas, no van a tener ningún problema en seguir cediendo auditorios, espacios para instalar afiches reivindicativos y encuestas progresistas por email.

4 comentarios sobre “De matemáticas y el poder

  1. Muy lúcida (y lacerante) la respuesta. Yo en realidad venía consciente del problema desde hacía bastante tiempo, pero sucedió esa mañana una de esas “epifanías” que revelan de manera irrevocable lo absurdo de una situación, y envían una señal ineludible después de la cual no hay vuelta atrás. Pero obviamente la existencia de esas epifanías se ancla en muchas percepciones previas, tomas de consciencia pequeñas anteriores. De pronto quedó la impresión en mi post como si yo jamás me hubiera preocupado por el problema antes – pero obviamente (al igual que la inspiración en matemática o en arte, anclada a su vez en muchísimas lecturas y trabajos y borradores previos) si nunca me hubiera preocupado antes, no habría podido tener lugar la famosa epifanía matutina.

    El último párrafo de su post tiene frases muy certeras y claves. El actual comité ejecutivo de la SCM sí tiene (creo, por primera vez) mujeres (de Bucaramanga una de ellas). Sigue siendo desbalanceado pero no tan dramáticamente como cuando yo estaba ahí.

    Fui a una reunión de empalme entre el comité anterior y el actual y pude percibir el inicio de un cambio. No digo cambio cambio, pero sí el inicio de una actitud menos paternalista, menos centrada en cinco tipos que ni se preguntan si hay algo más allá. Un poco.

    El trabajo de Carolina en la Universidad Nacional en ese sentido me ha parecido muy fuerte – pero aún (de nuevo) minoritario y aislado. Me parece que hay que apoyar acciones concretas que provengan (principalmente) de trabajos como ese. Y adicionalmente cada uno de nosotros hacer un trabajo de mirar hacia dentro. Usted claramente (por lo que cuenta en este post y en varios anteriores) tiene consciencia muy alta del problema, y nos puede enseñar mucho a los demás ahí. Seguramente otras personas tienen consciencia alta, pero a muchos no los conozco.

    Tal vez algo concreto que sí podemos hacer, desde ya, usted y yo y todos los que quieran sumarse a eso, es un “sistema de alerta inmediato” a actitudes paternalistas/machistas. Comprometernos a no dejar pasar comentarios de ese estilo ni entre estudiantes ni entre colegas ni entre administrativos – así eso nos cueste desvelos. Si somos varios los que activamente nos comprometemos a por lo menos decir “eso que acaba de decir sonó machista — o discriminatorio” – inicialmente no en tono de confrontación (si no es necesario) pero sí en tono firme que muestre que esas actitudes son inaceptables, pues algo se inicia. Pero tenemos que ser varios, y en muchos espacios (clase, reuniones de junta – esas son las peores, etc.).

    Recuerdo otra lucha: contra el cigarrillo en lugares públicos. Crecí en apartamentos donde se reunían estudiantes y profesores, diez de ellos y todos o casi todos fumaban todo el tiempo. En la piscina del colegio en Bélgica la gente fumaba al lado encima de los que nadábamos – y era un espacio cerrado y era “normal”. En los trenes había vagones de no fumadores pero si no había puestos tocaba en el de fumadores – más grande – y era azul de humo. Ni hablar de restaurantes y cafés. Mi abuela fumaba y fumaba encima de los bebés de la familia – a nadie se le pasaba ni remotamente por la cabeza reclamar por eso. En todos los vuelos comerciales la gente fumaba y fumaba – que por los nervios del avión, que blablabla. Y no estamos hablando de hace taaanto tiempo ( 🙂 bueno, yo ya no soy un joven, pero todo eso pasaba en el mundo hasta mediados de los ochenta o noventas casi). Y fíjese que se pudo, en menos de treinta años, cambiar eso. No es perfecto, a veces sale el idiota que quiere fumar en el balcón echándole a uno el humo encima, pero la situación es dramáticamente distinta. Habría que ver por qué en esa otra lucha se pudo avanzar – y sacar ejemplos y fuerzas de ahí.

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    1. Hablando de respuestas inmediatas, el año pasado en un evento de análisis iba a exponer una profesora. Un compañero de ella la presentó como “la flor más bella que tenemos en la universidad” y “la mejor representante de la carrera (haciendo alusión a su belleza física)”. No fue presentada como colega, fue presentada como si fuera una reina de belleza que se coló en el evento. Inmediatamente me di cuenta del comentario machista tratando a una colega como objeto de los hombres, pero el ambiente de todo el auditorio fue de risa, de celebración del chiste. Eso sin mencionar los comentarios en las sillas del auditorio. Sinceramente no fui capaz de decir nada, no tuve la fuerza ni quise asumir el costo de interrumpir la guachafita machista. Muchas veces sólo nos quedamos observando desde el privilegio.

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      1. Qué bochornoso. Horrible. Y qué difícil tuvo que ser ese momento. Además, a veces puede pasar que uno no esté con el chip que le permite intervenir, pues la sorpresa lo deja a uno sin aire.

        Pero probablemente usted no era el único incómodo con esa presentación. De pronto la profesora misma se sintió incómoda, y de pronto algunos de los asistentes también. Solo que como nadie dijo nada, nadie se atrevió a expresar la incomodidad. Puede ser que si alguno (o la profesora misma) hubiera dicho “oiga, esa presentación suena como fuera de lugar – denos una presentación de la profesora que tenga que ver con las razones por las cuales estamos en este evento” otros habrían visto lo absurdo y se habrían sumado.

        Sí, usted tiene razón. Muchas veces nos quedamos observando desde el privilegio. Largo trabajo tenemos por delante. (¡Gracias por responder al post!)

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