Sin pastillas

Doña Emi me hizo caer en cuenta que se van a cumplir cinco años de la llegada de Tris Alberto a esta casa. La llegada del gato que me salvó. Obvio que es una exageración, pero suena bonito. La verdad es que también Carlos me salvó, mi mamá me salvó, mi vida llena de privilegios me salvó, los medicamentos me salvaron, yo me salvé también y aquí cuento un poco cómo. El proceso de salvación en la vida terrenal no es así no más, quién dijo. El caso es que la llegada de Tris Albero es el hito que marcó el comienzo del fin de una depresión muy complicada: desde hace cinco años empezó el fin de la agonía. Poco a poco los médicos me han venido reduciendo la medicación. En contra de lo aprendido en la universidad, el doctor considera que no se justifica que siga medicado. Pero no vine aquí solo a presumir de lo bien que estoy de la cabeza y de que ya no necesito más pastillas. Vine a contar qué he hecho adicional a lo que ya había hecho antes para mantenerme como un lulo. De cierto modo, vengo a predicar.

Religión se llama eso extra que me tiene tan bien. Pero no cualquier religión se adapta a mis prejuicios, necesidades y deseos sexuales. Por ejemplo, algo que ha dificultado toda  mi vida el poder tener una religión es que me cuesta creer, ya sea en Dios todopoderoso o en la reencarnación y las múltiples manifestaciones del Buda. Por más que trate, simplemente no puedo orientar mi vida con leyendas fantásticas, supersticiones e interminables rezos sin sentido. La religión que practico y que me funciona (sí es que se le puede llamar religión a eso), es la corriente zen del budismo. Para hacer corta la historia, la práctica consiste en dos cosas que se alimentan la una a la otra: la meditación y las enseñanzas (o el dharma). Sin la meditación no se instala software en el sistema. Sin la enseñanzas, mejor ir a un spa o una clase de yoga chapineruno. Luego de un par de años de práctica y meditación juiciosa (20 minutos diarios es suficiente para mí), la forma en la que veo y me relaciono con el mundo han cambiado radicalmente. Cambiar esa forma de ver y relacionarme con el mundo ha sido tal vez lo más difícil de implementar (más difícil que dejar el cigarrillo, por ejemplo) pero  al mismo tiempo ha sido lo más importante y estable. En palabras de Carlos, “ese asunto del budismo le ha servido mucho a Arturo, eso hay que reconocerlo”.

No estoy exento de una posible recaída. Menos ahora que ando por el mundo sin pastillas. Pero si llega, cuando llegue, se hará lo que se tiene que hacer.

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Más loco que una cabra bebé

2 comentarios sobre “Sin pastillas

  1. Por sobretodo te salvó tu admirable tesón para reconocer la enfermedad, dominarla y no que ella te dominara a ti y la perseverancia a prueba de todo para completar cada tarea que te pones adelante. Vivir, vivir bien, tener claro un proyecto de vida y disfrutar lo que la vida te regala es por lo que has luchado y has venido construyendo. Entre esos regalos están Carlitos, Tris Alberto, Tara, RuPaul, tu almohada, tu colchón y tú familia.
    Te amo, hijo de mi corazón.

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