Octubre

Voy a cumplir un mes sin medicación. Es esporádico, pero cuando algo o alguien me despierta en la mitad de la noche, me resulta imposible retomar el sueño por el malgenio que me da. Como el buen sueño es uno de los pilares para estar bien, me da terronera pasar malas noches. Le doy más importancia de la que tiene al vecino bullicioso o al fantasma que vio el gato. Son casos aislados, porque la mayoría de las veces no duermo, me convierto en piedra.

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La práctica va muy bien. De 20 a 30 minutos en la mañana y de 10 a 20 minutos algunas noches. Cuando practico en la sangha (en comunidad) las meditaciones duran más tiempo, pero por alguna razón metafísica cuestan menos esfuerzo. Algo de yoga antes de la meditación también ayuda mucho a reducir el esfuerzo. La meditación es otro pilar para estar bien. Es mejor que el café colombiano, y eso ya es mucho decir.

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Esta mañana caí en cuenta de que, después de un par de años de practica juiciosa, sigo siendo una persona emocionalmente muy complicada. No estoy haciendo show, la ciencia ha certificado que tengo un trastorno emocional incurable. La envidia, los celos, la rabia, los malestares y las peleas internas que me despiertan las mismas cosas y las mismas personas no desaparecen. Tal vez disminuyen, pero no desaparecen. La meditación no parece cambiar eso. Lo que sí ha cambiado es la manera en la que me relaciono con esas emociones. Y no, no se trata de controlar, reprimir o conceder. Va más allá.

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Peleo internamente con esas formas de budismo jipster: aplicaciones para meditar con el IPhone, cursos carísimos de budismo en Chapinero y bestsellers en la Panamericana sobre Mindfulness. Ni hablar de los pranas de colores, los seres de luz, los ángeles, la astrología y otras charlatanerías que contaminan la función de la práctica de la meditación. Más ruido que otra cosa ha dejado este negocio de la nueva era. Lo sé, las escuelas tradicionales del budismo han proliferado en occidente, en parte gracias a todo este ruido. Entiendo que los ritos del budismo religioso espantan a cualquiera, pero debe haber una forma de hacer que la meditación llegue a más gente de manera laica (por decirlo de algún modo) y sin el dios dinero de por medio (laica en el sentido amplio de la palabra). La meditación como la práctica gratuita que es. En todo caso, he visto que estas formas de budismo jipster han ayudado a uno que otro cristiano por ahí, eso me ayuda a  sosegar mi ira santa.

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He decidido que voy a enseñar a meditar bajo licencia GNU. Libremente, para los legos en tecnología. Ninguna institución (ni chapineruna ni tibetana) me acredita como maestro de meditación, pero una práctica discontinua desde los once años y una muy juiciosa en los últimos dos, me parecen suficientes credenciales para dar un par de indicaciones y acompañar con el silencio por unos minutos. No sé cuando vaya a empezar. He pensado en la universidad, 10 minutos antes de cada clase para los que quieran. También he pensado en formar un grupo de meditación especialmente dirigido a población de gays, lesbianas y personas trans. Siento una extraña obligación kármica de hacer, sobre todo, esto último.

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La autoridad es una cosa que, para ponerlo en términos lunfardos, me rompe las pelotas. Es una pelea interna y externa. Soy de los que cree que la autoridad es algo que se gana con el respeto. De otra forma no es más que un ejercicio arbitrario del poder. Cuando alguien quiere ejerce su autoridad sobre mí, se arma la anilingus. Llámese mamá, jefe, pareja, colega o policía. Eso ha sido desde chiquito y creo que se lo heredé a mi mamá. Es mejor no tratar de ponerle cascabel a este gato. Tal vez por eso trabajo en una universidad pública donde no tengo un jefe en el sentido oficinista de la palabra. Aún así, en pleno sabático, llevo un par de meses con tremendo maestro de la paciencia, uno que trata permanentemente de ejercer una autoridad culimba sobre mí. Reducir el tamaño del ego es más fácil en la teoría que en la práctica. Pero como decía el viejo Shantideva, hay que valorar estos maestros de la paciencia como tesoros, porque de los que nos celebran todo aprendemos poco.

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No sé que me pasa con el color verde. Sé que me pasa algo porque desde chiquito todo lo escogía verde: la maleta, la ropa, los accesorios. Eso no ha cambiado y mucha veces es inconsciente. Ayer me vi en el espejo del ascensor y parecía un aguacate. Debe ser porque me siento muy jipi, muy amigo de los árboles. Me debo ver raro por la calle. Tocará preguntarle a un gurú de la nueva era qué es la vaina con el verde. En un mes cumplo 40 y el chiste se cuenta solo.

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Ya casi llego a los cuarenta noviembres y no me imaginé llegar tan lejos. Tampoco estoy teniendo una crisis de la mediana edad, parece que he abonado suficiente a capital con mis crisis anteriores.  Hace nada que era un guambito, cómo se pasa el tiempo. Como en la paradoja de Aquiles y la tortuga de Zenon de Elea. Ya llegué a la mitad, cualquier otra mitad de la mitad nueva es solo ganancia. Y pues desde Zenon ya se sabe, la suma de esos trayectos es finita.

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Volvamos al sur. Algo pasó en Argentina que casi no me quería devolver. Argentina me hizo sentir que también soy argentino. Argentina me dejó el tango queer de Bife, la cumbia marica de Sudor Marika y las Yeguas del Apocalipsis. Argentina me dejó el gusto por el mate. Argentina me dejó la posibilidad poética del ser. Argentina me dejó la posibilidad neurótica del ser. Argentina me dejó los pingüinos, los leones marinos, la Patagonia y el Iguazú. Argentina me dejó amigos. En plural. Como si fuera muy fácil para mí hacer amigos, si quiera en singular. Argentina me dejó amigos y desde entonces se me alojó un solecito en el corazón.

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Ando en clases de salsa. Yo que creía que mis sangre caleña y los años de experiencias en los antros vecinos de la Nacho me iban a eximir de los cursos introductorios. Luego de un mes, sigo en Prebásico 0. Al principio, verme gordito y torpe en el espejo fue todo un reto para la autoestima. Ya me siento un poco más cómodo con mi cuerpo. Me pareció llamativo que lo primero que uno aprende es una especie de elemento neutro en un grupo libre generado por un conjunto de pasos básicos. Algo parecido a lo que ocurre con algunos ejercicios introductorios de piano. Pensé en formular mejor esas ideas hasta que caí en cuenta que a salsa voy es a hacer algo con el cuerpo, a divertirme, no a seguir pensando en güevonadas.

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La jipsteridad no conoce límites. Se junta el prefijo “co” con un verbo en inglés terminado en “ing” para cobrar por cosas que ya existen: coworking, coliving, cofucking. Por momentos me agobia trabajar en la casa y me voy a trabajar a la biblioteca. Para que me entiendan, es como un coworking pero gratis. La arquitectura de la Virgilio es una maravilla y pues a bibliotecas ya nadie va por libros. Es toda esa majestad de edificio para los mismos cuatro gatos que vamos casi a diario. Me voy en bicicleta, pues ya era hora de retomarla. Ya le he aprendido a bajar a la neurosis cuando un carro trata de matarme deliberadamente y sin ningún atisbo de vergüenza. No es tan fácil.

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Estoy medio encarretado con la fenomenología husserliana. Andrés tiene unas traducciones bastante pulidas de algunos ensayos fantásticos de G. C. Rota en su página. Se me hace que esta carreta fenomenológica tiene que tener una aplicabilidad práctica en la comprensión, enseñanza y exposición de las matemáticas. El lío es que no encuentro ejemplos de descripciones fenomenológicas concretas, inteligibles y rigurosas de objetos matemáticos específicos. Las descripciones fenomenológicas que he visto apuntan más a la generalidad y la filosofía. También hay muchos ensayos de fenomenología y matemáticas que son básicamente masturbaciones mentales marca Springer-Verlag. No me interesa. Hace falta quién se remangue el overol, se ponga las botas y se ensucie las manos de objetos más humildes de la matemática, cerrando un poco más la brecha entre matemáticas y filosofía, sin tanta carreta, sin tanta grandeza.

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Ya que estamos hablando de fenomenología y de budismo, hay un ensayo de Dogen (el fundador del zen japonés) que se llama ZENKI. Tiene un párrafo que me parece una muy bonita descripción:

“La vida es como una persona en un bote. En este bote, despliego las velas,  manejo con el timón, uso el remo para empujar, el bote me lleva, y no hay un yo más allá del bote. Porque estoy navegando en él, el bote se convierte en bote”.

Las relaciones entre budismo y fenomenología husserliana no son tan sorprendentes y rebuscadas. Eso lo ha dicho el mismo Husserl. Para mí el budismo no es más que una fenomenología del sufrimiento llevada al nivel de método. Casi nada.

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Ando muy encarretado también con Emacs. Es una pieza exquisita de los nerdos del software libre. Es como un sistema operativo en texto plano. Desde ahí envío correos, navego, publico en el blog, edito en LaTeX y programo en Python usando el Jupyter. Tiene hasta un psiquiatra programado, es en serio. Hay que dedicarle mucho tiempo para aprender, pero cada vez más me convenzo de que vale la pena. Trato de alejarme al máximo de Office, y con Office me refiero a todos los programas y formas de proceder que se le parecen. Como las cucarachas, el Office me produce alergia y hasta ahí me llega el equilibrio zen.

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Me hicieron el reclamo de que por qué no estaba escribiendo en el blog. Todo lo dicho arriba eran entradas represadas que no me parecían dignas de publicación. Estas son las consecuencias.

 

8 comentarios sobre “Octubre

  1. Es una entrada llena de buenas noticias y hermosos aprendizajes. Avísame si abres el grupo de meditación me encantaría sumarme a ese parche. Sobre los lugares, No sé si lo dice la práctica budista, pero cada cual nos va diciendo las cosas que debe decirnos, sabes lo mucho que quiero esa tierrita que no te dió cosas muy buenas, pero algo, algo debe tener para darle la vuelta al espejo y que el raye se convierta en camino. Abrazos querido, te sigo leyendo..:

    Ph.D Liza García Reyes 57 3153758125

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  2. “Arremangarse el overol” (sí, con a) con la matemática y la fenomenología es lo que toca hacer siempre. Es lo que hace Rota (elegantemente) en sus ensayos y lo que hacía también en crudo al hablar. No es una práctica muy transmisible – tal vez por eso no está muy publicada. Pero busque videos del director de orquesta Celibidache sobre el mismo tema pero con música. Celibidache no dejaba (mucho) que lo filmaran, un poco por lo mismo. Hay cierta analogía entre fenomenología (la que no es – como bien dice – masturbación marca Springer Verlag – la de verdad que se vive y se hace en vivo y desaparece casi al instante) y lo que usted logra mediante la meditación.

    Creo que usted lo ha captado mejor que muchos otros con quienes he hablado.

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    1. Se me hace que el salón de clase es un laboratorio privilegiado para la práctica fenomenológica. La investigación en matemáticas también. Ya no le puedo hacer más el quite a Hussrel. Voy a intentar estudiar de él directamente, deséeme suerte.

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  3. Deja uno de leerlo y se pone a usar emacs. Menos mal compensa el karma yendo en bicicleta.

    ¿Ya tiene árbol bodhi? 🙂 De paso, por favor use licencia BSD o MIT pa la enseñada de la meditación, que GNU, sobre todo v3, es muy cansón. 😛

    Me reí varias veces leyéndolo y eso es buena señal. Echaba de menos leerle.

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